20080906

Por qué proponemos expropiar a la AFT

Por Patricio Hales DIB



Cuando usted vea en un paradero tres buses pegados en la misma línea, como hoy ocurre diariamente, significa dos cosas: la primera, para comodidad suya, es que el cuarto bus va a llegar una hora después porque falló el control de ese recorrido. Y, la segunda, es que los empresarios privados de la AFT no cumplieron con su contrato de orientar el movimiento de los buses.



Cuando fue lanzado, una de las promesas del Transantiago decía que el nuevo sistema iba a tener, por una parte, menos buses y por otra, una racionalidad tal que iba a empresarizar en pocas manos los más de 3000 propietarios del antiguo sistema. Eso iba a permitir el fin de las hileras de micros pegadas, una distribución ordenada de los tiempos y el fin de los tacos, todo gracias al sistema de control de flota y recaudación de los dineros, una de la spromesas doradas del Transantiago.
El mago del control de la flota se bautizó como el Administrador Financiero del Transantigo, AFT. No resultó y su promesa fue otro de los grandes fracasos de la empresa privada.
La profecía empresarial era que solo en manos de privados podría funcionar bien una cosa tan difícil. En eso confiaba el gobierno y así me lo fundamentó con pasión Andrés Navarro, subcontratista y socio del AFT con su empresa SONDA. "Tengo los 1.500 mejores ingenieros de Chile", me dijo el exitoso, brillante y prestigiado ingeniero. Pero el gobierno hoy insiste que SONDA fracasó.
En febrero de 2007, interrumpí mis vacaciones para ficalizar en terreno la partida del Transantiago y , ante el descontrol de la flota, le pedí al ministro del Interior la intervención del AFT y el contrato de SONDA. Andrés Navarro reaccionó y me llamó or celular a la playa. Me dijo, "confien en mí...hemos tenido un problemita pero te aseguro que esto va a funcionar..." y agregó "Yo pongo la cara y las lucas". Esa verdad fue a medias: puso la cara, pero no la slucas. Porque las lucas las están poniendo los chilenos por medio del Estado.
ha pasado un año y medio con la intervención de brillantes empresas privadas que no funcionan. Hoy no debemos financiar un fracaso, por eso hemos propuesto que el Estado expropie el AFT. Nada personal, lo planteamos con el mismo cariño de siempre por nuestro empresariado nacional. Pero si el Estado va a financiar el sistema en tal alto porcentaje, si el Estado pasa a ser socio financista de Transantiago, entonces corresponde que el estado mande al menos una parte del este sistema. Podríamos así asegurar una mejora importante del servicio a los pasajeros. Eso sería sólo una parte de las mejoras necesarias, porque lo principal son los recorridos mal hechos, los transbordos absurdos, las zonas descubiertas que podnrían atender "liebres" o buses chicos dentro de las zonas alimentadoras. pasar al Estado el AFT responsabilizaría al gobierno asegurando una parte central de la calidad del transporte.
Así se arreglaría la frecuencia, se sabría cuando va a llegar el bus siguiente y se evitarían los buses pegados en un mismo lugar; podríamos conterolar a los empresarios "fuera de servicio", habría quien ordenara aumentar o disminuir la velocidad para cubrr adecuadamente la demanda. todo lo que antes hacía el sacrificado "sapo", que arriegaba su vida entre las micros haciendo señales de sordo mudos a los choferes.
Si el gobierno cumple la mano dura con que amenazó el ministro y estatiza el AFT tednría en sus manos la responsabilidad de resolver muchos de los dramas que sufre la gente. Por eso es que pusimos condiciones al gobierno para aprovar las platas.
Con el AFT estatizado se comenzaría a ver los frutos de la tecnología prometida con la que tanto nos ilusionaron los alabarderos de Transantigo. Aquellos que tanto ridiculizaron al "sapo" y que terminaron sin ser capaces de imitarlo.

1 comentario:

cosascaras dijo...

Dentro de toda la sarta de horrorosas faltas de ortografía que padece este artículo se dice una verdad muy radical: Transantiago es la ceguera ideológica por antonomasia. Se planeó este sistema siguiendo una premisa político-económica privatizadora, sin pensar si esta idea era viable en la realidad. Uno de los problemas de Chile es la permanencia de la Guerra Fría, tanto en las políticas de Estado como en las discusiones de la oposición. Lagos, para no quedar mal con el empresariado ortodoxo, aplicó el más puro diseño que pudiese crear un chicago-boy seguidor de Friedman, y fue, tal como las AFP originales, un rotundo fracaso. La falta de racionalidad en el diseño de las políticas públicas está pesando en el actual desempeño del gobierno de una carismática pero débil Michelle Bachelet. La sentencia de que el mercado todo lo regula solo se demuestra que no es aplicable a todos los ámbitos del quehacer social.