
Es el cahuín del año y si resulta ser cierto dará alimento nutritivo y delicioso a las redacciones del corazón de los medios nacionales. Y es que con esta historia de los romances de la Marlene o los email amorosos de Camiroaga y la Kenita, se transforman en mocoepavo. Señoras y señores, si esto es verdad, es filete de primer corte.
La cosa es que andan diciendo, cuentan, afirman, juran y rejuran que Cecilia Bolocco, nuestra única diva, habría encontrado el amor... el amor verdadero, que le dice “contigo, toda la vida”. Sí, igual que el eslogan de Falabella. La mención de esa empresa no es gratuita; los rumores la vinculan con un hombre fuerte de esa empresa. Con un poderoso y millonario accionista en cuyos brazos la diva se estaría consolando de la distancia con Menem, quien se habría reencontrado con su esposa Zulema.
Hasta aquí no hay discrepancias en las científicas fuentes consultadas. El problema aparece en el nombre de la víctima. Algunos dicen con convicción de apostador de la hípica, que el romance es nada menos que con Juan Cúneo, vicepresidente de Falabella, un lolo de 75 años, vicepresidente de Falabella, presidente del Hipódromo Chile, entre otras cosas. Dicen que habrían visto a la diva en las dependencias de calle Rosas de Falabella, donde Cúneo tiene una de sus oficinas. Públicamente, ambos se encontraron el 17 de noviembre del año pasado, cuando Falabella inauguró una de sus tiendas en Medellín, Colombia.
Otros aseguran, sin embargo, que aunque Bolocco mira con ojitos entornados hacia las cimas del Holding Falabella, en realidad lo hace para ver hacia el lado del clan Solari, donde hay otros acaudalados varones, aunque no tan mayores como le gustan a la diva.
Raya para la suma: ¿Habrá boda con lista de novios en Falabella? Pronto para saberlo. Y capaz que este cahuín que ha andado corriendo por varias salas de prensa, lo haya tirado el entorno de la diva para matarle el punto a Menem y el reencuentro con su ex. En todo caso, si resulta ser cierto, no podemos más que alegrarnos pues Bolocco habría encontrado por fin su pololo, pinche, pareja, amigo con ventaja, peor es na, pierna peluda, guatero con uñas, amigo con raspe o su equivalente.
sábado
Chau Menem: Bolocco ya tendría su nuevo mijito rico
Alvaro Escobar, diputado ex PPD
“NO VOY A REPOSTULAR PARA EVITARLE LA VERGÚENZA A MI HIJA”
Duró cinco meses en la bancada del PPD y se fue cuando lo empezaron a acusar de principista. En estos tres años ha visto cosas impresentables en la Cámara de Diputados y está más que chato. En unas semanas debiera ir a El Salvador representando a la Cámara de Diputados chilena en un seminario sobre “nuevas formas de participación en Democracia” y probablemente no vaya. Precisamente
por lo que dice en esta entrevista.
Por Pablo Vergara • Foto: alejandro olivares
¿Qué es lo más impresentable que has visto en el parlamento?
Lo que me hizo salir del PPD: La discusión de mi ex bancada respecto al Informe Boeninger sobre modificación del Sistema Binominal. La propuesta era cambiar parte de los distritos para que la misma torta se repartiera entre más actores. Y la bancada se opuso por lo mismo que fracasó la inscripción automática y el voto voluntario: porque significaba cambiar tu padrón electoral, tu “cartera de clientes” y empezar a competir por una demanda que no tienes coaptada. La discusión fue bien vulgar, del tipo: “yo no conozco esa comuna, he hecho todo mi trabajo en esta otra, no puede ser”.
¿Qué pasa con los diputados? Se suben los bonos de bencina, juegan a la pelota en horario de trabajo y para publicidad de una empresa. ¿Hay una sensación de impunidad?
-Es que no hay nada ni nadie por encima de ellos. La única posibilidad que uno pueda cesar en su cargo es por no ser reelecto o por ser desaforado, después de un largo proceso. Hay democracias que Chile mira a huevo, como la peruana, que tiene la institución del “notable abandono de deberes” para los parlamentarios;
o la boliviana, que nos acaba de dar un ejemplo precioso del referendum revocatorio. Acá, los diputados se acomodan con mayor o menor conciencia a esta atmósfera de impunidad. Mira, cuando le pregunto a mi secretaria si me puedo llevar un sandwichito para la casa, un Barros Luco, porque vivo en Casablanca y muchas veces llego tarde, ella dice que seguramente la cocina está cerrada, pero un diputado puede hacer lo que quiera: “si usted lo pide, se lo van a hacer”. Eso no es abuso de autoridad, sino que uso de una autoridad desmesurada.
Esa discusión por el binominal la tuvieron todos los partidos
-Claro. Esa vez se hizo un reportaje en El Mercurio donde Pepe Auth decía que había que equilibrar la necesidad de perfeccionar el sistema electoral y cuidar el interés de los parlamentarios. Eso es consagrar la impunidad, porque probidad es el deber moral de cumplir, estrictamente, tu deber con otros, no contigo. Cuando se dice que lo que importa es tu interés personal, tu futuro laboral y votas en función de eso, la falta de probidad es flagrante. Auth santificó eso y los parlamentarios se la llevaron pelada, salvo por la anécdota de mi renuncia al PPD
MINUTO INFELIZ
La otra vez pediste un minuto de silencio por la política chilena cuando se cayó el proyecto de probidad y transparencia política que tenía entre sus puntos centrales establecer sanciones como cesación en el cargo a los parlamentarios.
-La agenda de Probidad, Transparencia, Calidad de la Política y Modernización del Estado, así se llamó, nació precisamente por las irregularidades que denostan la actividad política. Uno de los proyectos proponía sanciones para el parlamentario que votara asuntos que le interesaran personalmente a él o a sus parientes. Hoy eso no tiene otra sanción que no sea la de, eventualmente, ser pasado a la Comisión de ética o una sanción mediática. Pasar un mal rato. “Me equivoqué, de veras que tengo intereses en las salmoneras, ups”. El proyecto proponía pérdida del cargo, sanción que podía ser excesiva pero que está establecida en otros entes. Si hasta en los directorios de sociedades anónimas hay obligación para un director de inhabilitarse, y en los tribunales, un juez puede ser acusado de torcida administración de justicia.
Pero ahí saltaron todos los diputados.
-Claro. Esa disposición se eliminó del proyecto. Propusimos otras alternativas, que podía ser inhabilitarlo para la próxima elección. Pero tampoco.
¿Uds. tienen dos varas? cuando tienen que ver leyes que elevan las penas por drogas, lo hacen por unanimidad. Hace poco votaron porque los condenados por delitos sexuales no tuvieran visitas familiares. Son penas draconianas para los otros.
-Yo voto en contra de esas cosas. Pero es cierto: hay una asimetría absoluta. Cuando se trata de probidad y transparencia, el Parlamento exige estándares óptimos a los otros.
Había otras disposiciones en el proyecto que también se cayeron.
-Sí. Además, se incluía la obligación de dedicarse exclusivamente al cargo. Eso se cayó y ¿qué tenemos? Ahora, pueden dedicarse a otras actividades. Y no actividades sin fines de lucro, porque éstas son desde hacer clases, a asesorías, oficinas de abogados o ser actor. Yo, por ejemplo, estoy jueves, viernes y sábado en el Ictus. Y soy promotor de esa indicación, lo que me significaría dejar algo que adoro y que, además, hago porque va gente que no tiene acceso a salas de teatro. Pero la norma se cayó y hoy no solamente te puedes dedicar a otra cosa, sino que puedes legislar a favor de ella sin sanción. También se cayó la norma que decía que el que resultara electo con infracción a la Ley de Gasto Electoral cesaba en el cargo. Todo lo que dio lugar a la Agenda de Probidad, en lo que al Parlamento respecta, no es aplicable porque los parlamentarios se oponen. Yo pedí un minuto de silencio ¡porque todos estaban celebrando los avances, pues!
LA GASOLINA
¿Cómo te enteraste de la asignación de combustible?
-Por la prensa. Mira, hay algo que ha dicho Fidel Espinoza. Oiga, estos señores ganan tanta plata - como si él no fuera parlamentario-que no se dan cuenta que tienen 98 mil pesos más en su cuenta corriente. Efectivamente, cuando en tu cuenta tienes 5 millones de pesos m‡s fracción -porque no llegas rasguñando a fin de mes, y no creo que mis colegas lo hagan-, y la revisas en un cajero automático, no te das cuenta que tienes 98 mil pesos más porque para los parlamentarios son una bicoca. Pero para la ciudadanía son un insulto. Especialmente cuando es una asignación para combustibles.
Dijeron que fue la comisión de régimen “interno”. Es como decir que nadie fue.
-Eso es lo que vamos a averiguar. Voy a pedir - con Teo Valenzuela y Marcos Enríquez-que la Comisión de Régimen sea pasada al Comité de ética porque el reglamento de la Cámara dice que las asignaciones deben pasar Sala. Vamos a pedirlo para saber a quién se le ocurrió esta brillante idea.
En la misma semana, tus colegas salieron jugando a la pelota para publicidad de una empresa.
-El mismo día en que estaba defendiendo algo que no ha salido en la prensa, salvo en Radio Tierra: se acaban de renovar indirectamente por otros 25 años, por la vía de perfeccionar el derecho preferente de los actuales concesionarios, todas las concesiones de radiodifusión sonora de libre recepción. El mercado actual, 25 años más. Defendí unas indicaciones a ese proyecto y perdí por 15 ó 16 votos. Para un parlamentario es difícil oponerse, en época de campaña además, a los actuales operadores, menos cuando está en juego un gigante como “nuestros amigos de Prisa”, en palabras de los diputados PS. “Hay que ayudar a nuestros amigos de Prisa”. Esa es una PLR. No a uno, pal pluralismo.
Y afuera tus colegas grababan un comercial para el canal del Fútbol, cuando todavía se discute una norma para la tv digital y el CDF tendrá su posición. ¿Has hablado con ellos?
-No sé. Hay gente que es muy cercana. Comparto oficina con Tucapel Jiménez y él es una tremenda persona, tremendo ser humano. Estaba Alfonso de Urresti, Alejandro Sule, Mario Rojas, con el que trabajamos en la comisión de Cultura y las Artes... Francamente se me hace complicado hablar de esto, porque es gente con la que he desarrollado afecto. Eso, para quien es drogadicto o alcohólico, configura un cuadro de co-dependencia. Perdona la comparación, pero es aplicable. La enfermedad crece al amparo de una red que la permita y la avale.
¿No estás en condiciones de condenarlos enérgicamente, entonces?
-Claro. Ahora, a Tucapel Jiménez al día siguiente, le pregunté a qué hora es el partido... Creo que hay que distinguir casos. Tucapel es buena persona, lo conozco, y creo que no se dio cuenta, no aquilató, además iban a ser 5 minutos...
Es un diputado grabando un comercial para una empresa. Sácale CDF y ponle Mcdonald o Líder.
-Es la misma huevá, claro... Los parlamentarios tenemos que entender que si estamos en el último lugar de tabla en lo que a credibilidad se refiere, tenemos que ser implacables.
¿Cómo evalúas el trabajo que hizo Tironi sobre la mala imagen de la cámara?
-No revela ninguna verdad que no sepamos. No innova. Tironi, además, es parte del elenco. A la Cámara no se le ocurre llamar a The Clinic para que nos diga dónde nos estamos cayendo en cuanto a credibilidad, porque seguramente The Clinic diría que tiene que aprobarse esta reforma constitucional, imponerse normas por la probidad, que pasa por la vía legislativa, por hacer la pega. Y eso no lo quiere escuchar la Cámara. Lo que sí quiere oír es crear una comisión, una radio por Internet... Que se televise más el trabajo de comisiones, porque parece que la ciudadanía no lo conoce. Pero cuando quieres mejorar la ventilación del baño, no cambias los azulejos.
La última sorpresa que llegó se llama Schilling. No me acuerdo cuándo se hizo esa modificación. Tampoco recuerdo la discusión.
-Fue un paquete. Asume Guillermo Vásquez por Lavandero y la DC pone en tabla una Reforma Constitucional para reemplazar a parlamentarios que dejen vacante el cargo, reforma que cambiaba al compañero de lista por la decisión unilateral, y por tanto arbitraria, del partido por el que había sido electo ese parlamentario. Es de terror. Hoy tenemos parlamentarios designados. En junio del 2007, Tucapel Jiménez, Marta Isasi, Francisco Chahuán y Marco Enríquez firmamos un proyecto de Reforma para que se hicieran elecciones complementarias. Y no pasó nada. A la mayoría de mis colegas parece no producirles repulsa esto. Es un cargo de elección popular... la soberanía reside en el pueblo que la ejerce por elecciones periódicas, plebiscitos y las autoridades que la Constitución establece. Un partido político no puede ejercer la soberanía.
¿Dónde hace la semana distrital Schilling?
-Jajajajaja. él ha dicho que su misión es terminar la labor de Juan Bustos. Juan Bustos, preguntado por la institución de los parlamentarios designados, de este mecanismo, estaba muy de acuerdo en revisarlo. Yo tenía la tendencia a mostrarle a Juan Bustos y a Jorge Burgos mis proyectos.
Si tuvieras que explicarle a un cabro chico para qué sirve este Parlamento, ¿qué le dirías?
-Mira, tengo una hija que se llama Aurora y que cuando termine mi período va a tener dos años. Y como tengo serias dificultades para explicarle a ella qué es lo que hace un parlamentario, ella probablemente va a ser una de mis razones para no ser parlamentario cuando tenga 3, 4, 5 años. No quiero hacerla pasar vergüenza en su infancia. Quiero evitarle eso.
¿Te vas a retirar?
Probablemente ¿Hay alguna evidencia de que esto vaya a cambiar?
EL LONKO TIENE SIDA

La historia del SIDA en Chile contada a través de la vida de Willy Morales, lonko mapuche que se contagió a los 15 años, cuando su padre lo llevó a iniciarse sexualmente a una casa de putas.
Por Claudio Pizarro Fotos Alejandro Olivares
Lo único que importaba en ese tiempo era sobrevivir y, para hacerlo, Willy Morales debía acudir al hospital Lucio Córdova a pedir sus do-sis mensuales de medicamentos.
Eraseptiembrede1992yteníaapenas 19 años. Estaba solo en Santiago y tra-bajaba como mozo en un restorán. Unas pequeñas pintas rosadas comenzaban a asomar en su abdomen. Eran el primer indicio visible de su enfermedad.
El pabellón de infecciosos, ubicado a un costado del recinto hospitalario, se llenaba todos los meses de enfermos.Willy esperaba su turno sentado en una larga banca de madera ubicada en un pasillo mal iluminado. Las enfermeras, recuerda, llamaban a los pacientes a viva voz. Había viudas, mujeres embarazadas, jóvenes y travestis. Todos pertenecían a la sección ETS, sigla que identificaba a los contagiados por enfermedades de transmisión sexual. Nadie se atrevía a hablar. “Estábamos todos con la cabeza gacha. Se respiraba el olor a la muerte”, recuerda Willy. Agrega: “De repente alguien dejaba de ir. Y todos sabíamos qué había pasado. Los remedios no alcanzaban para todos”, rememora.
Por entonces el sida todavía era llamado “la peste rosa” y la enfermedad se expandía con más fuerza gracias a que muchos creían estar a salvo. De los 6 casos registrados en 1984, la enfermedad había saltado a casi 500 sólo en 1992. Para 2004,cuando la enfermedad festejaba 20 años en Chile, las cuentas daban 14.611 casos (4.530 con SIDA y 9.200 personas VIH asintomáticas). Y los muertos sumaban 5.043.
En esa primera década de la enferme-dad,losmédicos,apremiadosporlaesca-sez de remedios, se vieron obligados de elaborar listas de pacientes prioritarios. Era una suerte de escalafón de la muer-te. La preferencia la tenían las mujeres embarazadas, luego los padres con hijos, después los heterosexuales, los homo-sexuales y finalmente los travestis. Pero ni siquiera había tratamiento suficiente para los primeros lugares.
-Uno debía aprender a morir solo y por las suyas recuerda Willy.
Con la condena moral encima, obligados a competir por los remedios, la esperanza de vida podía depender de un brutal “golpe de suerte”:si alguien moría había más medicamentos disponibles. “Era un circulo vicioso macabro”, cuenta Willy.
Muchos quedaron en el camino. Roxana, por ejemplo.Era una delgada muchacha de la comuna de El Bosque, que por no estar en lista prioritaria murió prematuramente.
-Iba a su casa, tomábamos once juntos, nos dábamos ánimo para seguir adelante. Siempre decíamos que a pesar de que uno viviera su enfermedad escondido, había que trabajar aunque sea limpiando baños para sobrevivir-comenta Willy.
Roxana fue sepultada como indigente en el Cementerio Metropolitano. Ni siquiera la pudieron velar. Su cadáver fue introducido en una bolsa plástica y el Servicio Médico Legal entregó la urna sellada. En el funeral sólo hubo tres personas. Roxana fue la primera portadora del virus que Morales “enterró”. Después vendrían muchos más.
TENIDA DOMINGUERA
Todo empezó por un viejo ritual, en el verano de 1986. Willy vivía en los alrededores de Castro, en la comunidad huilliche de Llicaldad. Tenía 15 años y su padre, después de la cena, lo invitó a dar un paseo. "Me dijo que iba a conocer a unas tías. Después me contó que él también las había conocido a mi edad, al igual que sus hermanos y mi hermano mayor.
Willy se puso su "tenida dominguera" chomba de lana, jeans y ojotas. Antes de marcharse su hermano le dijo que "no era nada malo y que lo iba a pasar bien"
Padre e hijo partieron a caballo rumbo a Castro. Morales intuía lo que iba a suceder. Muchos compañeros de colegio habían pasado por la misma ceremonia. El rito de iniciación de la comunidad huilliche era un grito a voces entre los jóvenes. Luego de dos horas llegaron a la casa de "las tías". Willy recuerda que su padre pidió una botella de vino y le ofreció un trago. Era la primera vez que lo hacía. Luego le dijo que , de ahora en adelante, su palabra iba a contar en la mesa hogareña. Al cabo de unos minutos pareció una muchacha menuda, de pelo castaño ocuro, con una camisa amarrada a la cintura y unos shorts extremadamente cortos.
-Al principio me dio vergüenza. No sabía qué hacer. Me dijo que no me preocupara, que me iba a tratar bien y me iba a mostrar algunas cosas.
Para Willy no es fácil recordar aquel momento. Después de tragar saliva, continúa: “me agarró de un ala y me llevó a una pieza. Luego se sentó, se sacó el sostén y me tomó la mano para que la tocara. Al final lo hicimos... Y el niño se había hecho hombre pero iba a vivir con una enfermedad el resto de sus días”, re-cuerda con resignación.
Al año siguiente, Willy empezó con una extraña comezón. En el consultorio de Castro lo derivaron a un dermatólogo que le recetó cremas y le recomendó protegerse del sol. La alergia, sin embargo, no cedió. As’ estuvo durante un año hasta que pidieron su traslado a un hospital donde le realizaron el Test de Elisa. Su ignorancia respecto al tema era abrumadora.
-Cuando el doctor me dijo que el resultado era positivo pensé que era algo bueno- evoca.
El médico se limitó a decirle que disfrutara porque le quedaban, a lo más, dos años de vida. Para entonces el sida era una enfermedad emergente y Willy, sin siquiera sospecharlo, se transformó en uno de los primeros seropositivos del país. Al principio no entendía bien de qué se trataba la enfermedad. Ni siquiera los médicos se atrevían a comunicarle detalles, aunque, en cada consulta, dejaban en evidencia que lo suyo era algo infeccioso.
-Cuando llegaban a atenderme se ponían guantes y mascarillas, cosa que no hacían cuando comentaban que tenía alergia-confiesa.
Con el correr de las semanas se percató que en el pueblo ya corría el rumor de su enfermedad. Willy tampoco se encargó de negarlo. “Nunca se lo oculté a nadie. Quizá pequé de ingenuo”, reflexiona ahora.
Las autoridades de salud de la isla decidieron tomar cartas en el asunto y obligaron a todo el curso de Morales a hacerse el examen. En el pueblo la moralidad soltó sus emanaciones mefíticas: Willy, el mapuche, era el problema. No pudo volver al colegio y le caducaron la matrícula.
-Ahí sentí por primera vez que era doblemente discriminado por ser mapuche y por tener sida- recuerda.
Su familia estaba en el suelo. Su padre no podía ni mirarlo. “El remordimiento lo mataba por dentro”, recuerda Willy. Y la comunidad empeoraba las cosas poniendo a la familia en cuarentena social. Al padre no le compraban sus cosechas y a los hermanos de Willy los evitaban y no les daban trabajo.
En medio de esto, Willy, completamente solo, estaba convencido de que moriría. Decidió acudir a una machi. La curandera le dijo que el pálpito de su alma no estaba lento y que iba a sobrevivir. También le comentó que el sida no era una enfermedad natural o sino ella hubiera encontrado un remedio en la tierra.
-Ahí empecé a pensar que el sida, en el fondo, es una enfermedad del alma- explica.
Del alma del que tiene sida y del alma de los que lo rechazan.
Desesperado por la exclusión, decidió abandonar la isla. Sus padres le prestaron dinero y se marchó. Comenzaba el periodo más oscuro de su vida. 
LA CASTRACIÓN
El tren partió a las ocho de la noche desde Puerto Montt. Era primera vez que Willy se alejaba de su familia y creía que no los volvería a ver. Tenía 17 años y con justa razón sentía que el destino se había ensañado con él. En los siguientes años muchas veces pensó en matarse, pero no se atrevió.
-Físicamente me sentía bien pero la enfermedad me corroía el alma- recuerda.
Primero llegó a Rancagua. Ahí cuidó vehículos en la plaza principal de la ciudad y luego, cuando llegó el verano, trabajó de temporero. De vez en cuando mandaba una postal a su casa para dar señales de vida.
El trabajo, de sol a sol, le permitía olvidar en parte sus penurias. Sus compañeros en el campo siempre lo invitaban a salir de farra. Visitar los prostíbulos de Rancagua era una rutina habitual entre los temporeros. Willy siempre tenía excusas para no asistir.
-Cada vez que me invitaban me dolía algo. No fue fácil asumir mi sexualidad después de lo que me pasó-recuerda.
En el fondo se sentía castrado. Todavía no estaba preparado para intimar con una mujer. Antes, tenía que limpiar sus “heridas”.
Luego de trabajar varias temporadas en el campo decidió probar suerte en Santiago. Acá encontró empleo de garzón en un restorán cerca de avenida Matta. Trabajaba infatigablemente y arrendaba una pieza en una pensión del centro. En la capital hizo bastantes amistades, pero a nadie contó su verdad. El rechazo que vivió en Castro lo había curtido. No quería repetir los mismos errores.
El exceso de trabajo terminó, final-mente, por pasarle la cuenta. Sus defensas bajaron.
-No tenía apetito, apenas comía, a veces me agarraban unas fiebres extrañas y me bajoneaba-reconoce.
Ya había cumplido 18 años y comenzó a acudir cada mes a buscar sus medicamentos al hospital Lucio Córdova. Era la época de la monoterapia y el AZT figuraba como único paliativo a la enfermedad.
-Era un remedio fuerte que se te impregnaba en el cuerpo; incluso cuando uno hablaba salía olor a farmacia- explica.
Sin siquiera proponérselo, Willy se transformó en testigo presencial de la dura historia del sida en Chile. Primero vio surgir al Capvih, que era un centro de apoyo que brindaba ayuda social a los enfermos y, luego, a Cornavih, la primera coordinadora de agrupaciones dedicadas a tratar el sida. Con los años esta última dio origen a Vivo Positivo. Tan importante como eso, Willy vio como los enfermos levantaban la cabeza: y desde ese pabellón de la muerte que era la sala de ETS, donde esperaban la improbable pastilla, la pastilla que tenía que dejarle alguien que había muerto, salían a la calle a exigir que el Estado los tratara como seres humanos. Willy estuvo allí, en las primeras marchas, y en los encadenamientos, cuando iban a la Corte Suprema a pedir antiretrovirales junto a Rodrigo Pascal, Pedro Fernández, Vasili Delillani y César Herrera.
-Los pacos nos iban a buscar con guantes mientras nosotros le tosíamos en la cara-recuerda.
El ser capaz de recuperar su dignidad, de levantarse y pelear lo hizo atreverse a un desafío mayor: volver a casa.
EL REGRESO
Dos días se demoró Willy Morales en llegar a su ciudad natal. Viajó en tren y de ahí cruzó en ferri el Canal de Chacao. Era un día de invierno. El cielo estaba gris y comenzaba a llover. En cuanto pisó nuevamente la isla sintió temor. “Me sentía extranjero en mi propia tierra”, cuenta.
Caminó en dirección a su hogar. La puerta de su casa estaba abierta. Su madre se puso a llorar. Su padre también. Ambos pensaban que él estaba muerto. Esa misma noche la familia se reunió a celebrar el retorno del hijo menor.
Castro no había cambiado mucho. Era el mismo pueblo pequeño con vocación de infierno grande. Pese a su indignada moralidad, el sida se había expandido.
De hecho, una amiga suya, había sido infectada, y la gente, desesperada por sentirse lejos de la amenaza, aseguraba que la mujer colocaba jeringas con sangre en los bancos de la plaza. O sea, que si la plaga continuaba era culpa de la maldad de una mujer y no de las costumbres sexuales no reconocidas, de las pasiones sabiamente tapadas por las convenciones sociales. A tal punto llegó la psicosis colectiva que la policía tomó presa a la mujer. “Fue un escándalo público”, rememora Willy. El escarnio que vivió su amiga lo marcó profundamente. Desde entonces se prometió luchar activamente por los derechos de los enfermos de sida y formó un grupo pequeño de activistas.
-Era la única forma que teníamos para sensibilizar a la población con nuestras demandas- rememora.
El grupo, compuesto por seis personas, se reunía clandestinamente en la sede de la radio Estrella del Mar. Primero se juntaban a hablar y contar sus dramas. Luego entendieron que la única forma de superar su condición era buscar un trabajo autónomo. Willy se dedicó a tejer ponchos. Todos los domingos acudía a la feria de Dalcahue a vender sus productos. Fue allí donde conoció a quien se transformaría en sus esposa, Nancy Cárdenas Levicoy.
-Ella también es descendiente de huilliches, venía de la isla de Butacheuque y cada vez que aparecía nos buscábamos con la mirada- comenta.
Willy, cada vez que la mujer aparecía se las arreglaba para hablarle en Mapudungún. Poco a poco la fue conquistando.
-Pese a todo lo que había pasado siempre soñé con tener una mujer a mi lado y cultivar la tierra- asegura.
Pero sus sueños chocaron con la voluntad de su “suegra”. La mujer pensaba que era huinca y no lo aceptó. Por eso Willy decidió raptar a Nancy. “En nuestra tradición, si los padres no aceptan el noviazgo es válido el robo, siempre y cuando, sea consentido”. Un domingo en la feria le dijo a ella que lo esperara a las tres de la tarde en la “rampla” de Butacheuque. Willy arrendó una lancha y partió rumbo la isla.
-Estaba súper nervioso, pensaba que no iba a llegar, pero al final apareció con su vestido, un bolsito y un chal- recuerda.
Lo más difícil de todo fue explicarle su enfermedad. Morales se asesoró con una matrona amiga. A Nancy, al principio, le costó asimilar el uso del condón pero terminó por comprender que si no lo hacía ponía en riesgo su vida. Tres días después del rapto, la pareja fue al registro civil de Castro y se casó.
LA COMUNIDAD
En marzo del año 2000, Willy fundó la agrupación Kelwo junto a otros 14 enfermos de sida. Tres años más tarde la organización fue aceptada como comunidad por el consejo de caciques y Willy fue elegido Lonko. Armando Llaitureo, cacique mayor del consejo mapuche y primera autoridad indígena de Latinoamérica en reconocer la existencia del sida, les abrió las puertas del Centro de Salud Indígena de Quellón.
-Allí nos atendían, nos daban yerba y hacíamos vida social-recuerda Willy.
El cacique tampoco cuestionó la opción sexual de algunos de sus miembros.
-En nuestra cultura a los homosexuales se los considera personas con dos almas y se les respeta-dijo. La discriminación, afirma Willy, es un asunto huinca. Y como mapuche, lleva años enfrentándose a ella, a pesar de que ahora pasa harto tiempo en silla de ruedas, después de que una intervención quirúrgica lo dejó con fuertes dolores lumbares.
Hace tres años, por ejemplo, un colegio de Castro se negó a recibir a una pequeña infectada con VIH.
-Daba pena verla todo el día con la mochila pegada en la espalda-recuerda.
Morales, junto al padre de la niña, acudió al colegio y dijo que sino la recibían iba a organizar una conferencia de prensa afuera del establecimiento. Finalmente la autoridad Provincial de Educación le orden— al director aceptar a la pequeña.
En agosto de 2006 encabezó una huelga de hambre en la iglesia de Castro por un amigo suyo, también enfermo de sida, que se negaban a operar. “Tenía un quiste en el cuello y apenas podía comer”, recuerda. La medida de presión surtió efecto.
Para entonces se había vuelto tan activo que en abril de este año, cuando la Presidenta Bachelet visitó la zona, él fue considerado un problema. “Me detuvieron para que no armara jaleo”, alega. Y detalla: “llegaron dos tipos de terno negro que me acusaron de infringir la Ley de Seguridad Interior del Estado y me llevaron a mi casa con arresto domiciliario. Estuve siete horas detenido... Me da pena que la presidenta, una persona que fue violentada en dictadura, que además es médico y experta en sida, permita estos procedimientos”.
Para Willy, pese a que hay medicamentos más poderosos y que la sociedad ha ido aceptando sus problemas, el sida no está bajo control. En la zona, por ejemplo, ha habido un incremento de las notificaciones y él lo atribuye a la proliferación de las salmoneras. Ahí, en las clases medias chilenas, el sida sigue siendo una enfermedad del alma.
-Mucha gente se ha matado. Otros se han ido y no han vuelto más-explica.
En su caso, él ha aprendido a convivir con el sida y poco a poco se ha reconciliado con su historia. La otra vez encontró a su padre en la calle y lo invitó a tomar un mate. El viejo estaba triste, se sentía agobiado. Con los ojos vidriosos le pidió disculpas otra vez y le dijo, en mapudungœn, que era un weichafe monguen: guerrero de la vida. Al cabo de un rato, Willy lo fue a dejar a la puerta. Mientras lo miraba alejarse pensó para sí: “pobre viejo, quería volver a ser padre”.
GRANDES CONCHESUMADRES II
Aquí, una segunda entrega de los más deleznables personajes que ha producido esta amarga tierra. Por supuesto que faltan, pero es tarea de ustedes denunciarlos también. Tienen hasta la próxima semana para enviar el nombre del perro y el motivo por el que creen que debe estar en este honorífico cuadro.
José Toribio Merino
Comandante en Jefe de la Armada de Chile y miembro de la Junta Militar de Gobierno desde 1973 hasta el fin de la dictadura. Cómplice e instigador de asesinatos, violaciones, secuestros, torturas y desaparecimientos forzosos. Golpista, traidor, borracho y humorista aficionado.
Hernán Trizano Avezano
Mercenario italiano, vendió sus servicios a Chile desde la Guerra del Pacífico. Jefe policial de todo el territorio de la Araucanía. Popularizó la“ley de fuga”, esto, es, el asesinato de prisioneros con la excusa de su huida.
Osvaldo Romo Mena
Dirigente poblacional de izquierda y luego agente de la DINA,torturador,violador y asesino. Murió loco y solo.
Agustín Edwards Eastman:
Millonario chileno, propietario de la empresa periodística “El Mercurio”, principal instigador y financista del golpe de Estado de 1973. Fundador de “Paz Ciudadana”.
Matías Cousiño:
Millonario chileno, prestamista y usurero, amasó su fortuna estafando a los propietarios mineros de la plata y explotando a los trabajadores del carbón. Fundador del sistema bancario en Chile.
Gustavo Leigh Guzmán:
Comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile y miembro de la Junta Militar de Gobierno. Instigador y cómplice de asesinatos, secuestros, violaciones, torturas y desaparecimientos forzosos. Fue traicionado y echado a la calle por sus colegas golpistas.
Jaime Guzmán Errázuriz:
Abogado chileno,fanático religioso,ideólogo del golpe de Estado de 1973,fundador del partido de ultraderecha chileno UDI. Murió asesinado por el FPMR en 1991.
Ladislao Errázuriz:
Político chileno, activo adversario del Presidente Balmaceda y de cuanta iniciativa liberal o popular emergiera en Chile. En 1920 inventó una guerra con Bolivia para permanecer en el poder y hacer negocio con el equipamiento de las fuerzas armadas.
José Antonio Rodríguez Aldea:
Político chileno, Ministro de Hacienda y de Guerra durante el gobierno de Bernardo O'Higgins. Realista y perseguidor de los patriotas, traicionó a sus compañeros y tras su derrota,se cambió de bando.Acusado de hechicería, contrabando, espionaje y de lación. Principal responsable del descrédito y la caída de O'Higgins.
Manuel Baquedano:
Militar chileno, comandante en jefe del ejército durante la Guerra del Pacífico. Cimentó su carrera mandando a sus tropas a atacar de frente y sin estrategia alguna, provocando una espantosa mortandad. En 1891 traicionó la confianza del Presidente Balmaceda y permitió el saqueo de Santiago tras el triunfo golpista.
Juan Williams Rebolledo:
Almirante chileno y jefe de la escuadra al inicio de la Guerra del Pacífico. Anciano senil, ultraconservador y fanático religioso. Responsable por ineficiencia criminal de la captura y hundimiento de buques chilenos, entre estos, de la Esmeralda el 21 de mayo de 1879.
Francisco Alcázar deRomo:
Sacerdote dominico español, inquisidor visitante del reino de Chile hacia 1650, responsable de la prisión, tortura y muerte de judíos, indios, negros y mujeres criollas. Acabó capado por sus propias víctimas.
Francisco de Meneses:
Militar portugués y gobernador de Chile hacia 1660. Eximio bailarín y torero aficionado. Vendía cargos de gobierno y rangos militares, entraba a las casas y secuestraba a las mujeres de su gusto. Responsable de la masacre de sesenta soldados en el sur. Corrupto, asesino y violador. Murió en un calabozo en Perú.
Francisco Ibáñez de Peralta:
Militar español y gobernador de Chile hacia el año 1700. Vendió los cargos públicos y se apropió de los fondos del Ejército, instalando con éstos una carnicería. Provocó la sublevación de las tropas, arriesgando el reino de Chile completo. Traidor y asesino, ejecutó a los sublevados tras prometerles el perdón. Destituido y empobrecido, se hizo jesuita y murió en un convento.
Francisco Antonio García Carrasco:
Militar español y último gobernador de Chile,vanidoso y sin carácter, contrabandista y cómplice de robo y asesinato, aceleró el fin de la monarquía en Chile.
Pedro Montt:
Político chileno, Presidente de la República durante el período 1905 a 1910. Ordenó la matanza de la escuela Santa María de Iquique y premió al general que la ejecutó con una beca a Alemania. Murió durante su mandato en un viaje a Europa.
Manuel Antonio de Zañartu:
Hacendado y comerciantes chileno, corregidor de Santiago durante la segunda mitad del siglo XVIII. Instauró los trabajos forzados en obras públicas, jefe de la represión policial, encerró de por vida a sus hijas en un convento. Acusado de asesinato, tortura, estafa y malversación de fondos públicos.
Mariano Pérez de Saravia:
Abogado argentino, en 1780 traicionó a sus colegas conspiradores que pretendían declarar la Independencia de Chile, provocando su prisión, tortura y muerte.
domingo
TRES SEMANAS CON UNA MADRE PASTABASERA

Javiera Droguett Garros tiene 20 años y vive en la villa Los Andes de Puente Alto. A los 16 se hizo adicta a la pasta base, justo después de tener a su primer hijo. Hace 14 días fue madre por segunda vez, y el pequeño aún permanece en el hospital esperando que alguien se haga cargo de él. Durante tres semanas nos metimos en el mundo de Javiera, en las calles de su villa de Puente Alto y en su cabeza bombardeada por droga y culpas. El resultado es un retrato crudo, donde los niños pueden transformarse en maltratadores de niños... y así logran sobrevivir.
Por Carla Celis • Fotos Alejandro Olivares 
“A LA GUAGUA LE GUSTA LA PASTA...”
(25 JULIO, POBLACIÓN LA ESPERANZA)
Las contracciones empiezan a las dos de la madrugada del 25 de julio. Javiera viene de la casa de Naty, una de sus mejores amigas, y anda por la población La Esperanza, con su guata de siete meses. La Esperanza es una zona dura dentro de Puente Alto, pero Javiera no tiene miedo. En realidad, ella es uno de los motivos por los que esa villa tiene mala fama.
Se sienta en una plaza vacía, enciende su pipa hecha con un codo de cobre y aspira varias veces la pasta base quemada. El fuego le ilumina la cara con cada “pipazo”.
La droga le tensa la mandíbula; y su mirada, normalmente viva, parece apagarse, como si Javiera hubiera desaparecido y sólo quedara su cáscara. Luego, en esos restos de Javiera se instala la angustia y para calmarse se pellizca la cara y se rasca la cabeza con movimientos maquinales.
Adentro de su vientre, la criatura se agita.
-Yo creo que le gusta la pasta, por eso se mueve tanto cuando me doy un pipazo-, dice Javiera.
Las contracciones se vuelven tan intensas que decide partir donde “El Pelao”, un amigo que siempre la recibe. Camina dos cuadras y se tiene que encoger por las puntadas.
Apura el paso. Por detrás, el embarazo no se le nota. Con la pasta no siente hambre. A veces se compra una leche y galletas sólo porque en el consultorio le dicen que tiene que hacerlo.
Donde “El Pelao” se siente demasiado mal como para dormir. Saca un cigarro y va al baño. Se queja. “El Pelao” le grita que no haga tanto escándalo.
A las cuatro del día siguiente, cuando está en la cocina siente que un chorro le corre por las piernas.
-¡Pelao, se me rompió la bolsa!-, grita.
Se toca la entrepierna y siente la cabecita del bebé. Se pone en cuclillas a la orilla de la cama y permanece así hasta que, una hora después, llega la ambulancia. Nadie la acompaña al hospital y allá, no le ponen anestesia. Dicen que el niño nacerá antes de que le haga efecto.
-Yo gritaba ¡me voy a morir!- cuenta Javiera, entre risas.
Así fue como nació su hijo. Su segundo hijo, en realidad.
“CON LA DUREZA NO HAY DOLOR”
(26 DE JULIO. MATERNIDAD DEL SÓTERO DEL RÍO)
La maternidad está en el cuarto piso del Sótero del Río. Son 12 salas comunes con ocho camas cada una. No hay biombos que den privacidad y las madres se miran unas a otras mientras amamantan o visten a sus guaguas.
Javiera Droguett está en la última habitación, al final del pasillo. En cada cama hay globos o ramos de flores y en el suelo, envoltorios de regalos. Al lado de Javiera, las visitas se ríen fuerte, como si estuvieran solos. Todos quieren tomar al bebé y le hablan impostando la voz. Le encuentran la nariz parecida al padre, los ojos de la madre; la abuela dice que todos los niños de su familia son así. La guagua pasa de brazo en brazo, en esa ancestral ceremonia de bienvenida al mundo.
Javiera está de espaldas al gentío. Nadie la vino a ver, ni su mamá. En su velador no hay regalos, ni flores, ni comida. Sólo un pocillo blanco de plumavit que usa para sacar agua de la llave. Mira a través del ventanal que hay al lado de su cama. Es una tarde soleada, su hijo está en una incubadora, ella tiene lágrimas en las mejillas.
-Siempre que estoy acostada me lloran los ojos- se excusa, mientras se sienta en la cama. Luego comienza a hablar sobre su hijo, animadamente.
-Yo creía que iba a ser niñita. Me hice tres “ecos” y las tres decían que era mujer. Si hasta le tenía nombre: Anaís Almendra.
¿Tú mamá no ha llegado?
-No creo que venga. Tiene hartas cosas que hacer ... ¿Querís verlo tú? ¡Salió terrible rucio! ¿Querís verlo?
Javiera se pone zapatillas y una bata prestada. El niño está en la sala de cuidados básicos. Pesó un kilo 900 y midió 44 cm.
Javiera se queda dándole leche. Cuando sale, después de unos minutos, cuenta que lloró.
-Es que es tan chiquitiiitoooo que me llega a darme pena.
¿Qué te da pena?
- No sé. Es que además pienso en ese huacho culiao del papá que no lo viene ni a ver. A veces dice que no es suyo y me da más pena. ¡Se ve tan solitooo! Me tiene a mí no más. ¡Y me pooongo a llorar! A veces una se pone a pensar tonteras, por eso es mejor no pensar. Por eso fumo pasta, porque la pasta te pone estúpida. Si fumo marihuana empiezo a pensar en todo lo que me pasa, por qué estoy sola, por qué quedé embarazá, por qué me toca vivir esto y aquí y allá. La marihuana me trae todos los recuerdos culiaos, de que tengo un hijo, que ahora voy a tener otro, que no soy capaz de hacer ninguna hueá. Me acuerdo de todo. Pero si fumo pasta quedo hueoná, me voy no más, quedo en blanco. Con la dureza no hay dolor.
Javiera vuelve a su cama. Pese a que terminaron las visitas la Valeska y “el viejo Polo”, logran colarse. Javiera está feliz de ver caras conocidas. Valeska cuenta que más tarde se va a juntar con sus amigas a tomar y fumar pasta hasta quedar en el suelo. O sea a “zumbarse”. Javiera se ríe: “venís a puro sacarme pica, cabra culiá”. Entonces la Vale saca de su bolso un regalo para la nueva mamá. Cinco papelillos de pasta, “pa antes de dormir”, le dice. Javiera los mira. Está a punto de recibirlos. Ganas no le faltan, pero los rechaza.
-Si me pillan, me quitan al cabro chico- explica.
El “viejo Polo” también le trae papelillos. Él le da pasta a cambio de sexo. Pero tampoco le acepta.
Valeska se ríe. “¡Estai cambiá, Javiera!”, le dice. Y mirando los papelillos, agrega, “bueno, no los vamos a perder po, jaja” y se va al baño de la sala común.
Sale sonriente, con la mirada perdida. Apenas se despide de Javiera. 
“NO HAY NADA QUE HACER POR ÉL”
(28 DE JULIO. MATERNIDAD DEL SÓTERO DEL RÍO)
Javiera pasa su segunda noche en el hospital. Está desesperada. Su cuerpo le exige pasta; su mente, despejada, está llena de pensamientos que la angustian. “Cuando me den la libertad, lo primero que voy a hacer es zumbarme”, promete.
A la hora de las visitas su madre vuelve a faltar. Tampoco aparece el Bicho, el padre de la guagua. Sólo llega Ana, una vecina que anda visitando a su hija que también parió.
Ana conoce a todas las pasteras de Esperanza porque ella misma, a sus casi 50 años, fue adicta. Dice que hace un año que dejó el vicio y ahora se preocupa de recoger a las niñas cuando las encuentra tiradas en algún pasaje. Les presta ducha y ropa; también las reta e incluso les pega, cuando no le obedecen.
-Si las culiás no se quieren parar, o dele con seguir fumando, a puras patás me las llevo pa la casa a las hueonas. Si no, pregúntenle a la Javiera, que una vez me la encontré botá en La Esperanza, pasteá como de dos semanas. Ni me hablaba, pero igual se le movía la boca pa todos lados de lo dura que estaba, jaja. Yo le decía: ‘¡Ya, párate, conchetumadre!’ y ésta no me quería hacer caso, hasta que me la llevé no más-, cuenta Ana. Y las dos se ríen.
A Ana le mataron a un hijo hace seis meses. Se llamaba Eduardo y ella lo vio desangrarse. Pero es una mujer achorá y parece haberlo superado.
Antes de irse, le ofrece a Javiera que se quede en su casa un tiempo, para que tenga donde estar con el niño. Javiera dice que lo va a pensar.
Al día siguiente, temprano, Ana aparece de nuevo. Tiene todo listo para recibirla. También le dice que su familia estuvo pensando un nombre para el niño: “Jeicson Eduardo”.
-A mi mamá no le va a gustar. El Michael (su primer hijo) iba a llamarse Joshua y mi mamá me mandó a la chucha, porque no lo podía pronunciar.
-Pero le pueden decir Eduardo. Si el nombre Eduardo se lo vamos a poner por mi hijo que me mataron. Va a tener cualquier chapa la guagua ahí- le rebate Ana.
Javiera se levanta a ver al niño. Cuando regresa está decidida a fugarse. Le pide a Ana que le lleve su ropa en una bolsa y la espere en el baño del primer piso. Ella va a bajar con la excusa de ir a ver al bebé y se encontrarán allá. Pero primero debe entrevistarse con la asistente social para saber cuándo le darán el alta a su hijo. Ana ofrece decir que es tía de Javiera, y que vive con ella hace tiempo. “Para que vean que la guagua no va a quedar botada”, explica Ana.
Con la asistente, todo marcha bien. A cada pregunta, Javiera lanza una respuesta apropiada. Explica que vive con Ana y que no le falta nada. Cuenta que el padre de su hijo está en Iquique pero que viene viajando. Admite que consumió pasta, pero sólo hasta que se enteró del embarazo.
-¿Y de qué vives, Javiera?
-Trabajo de temporera en Pirque- responde.
-Muy bien, me alegro de que hayas salido de la droga, te recomiendo que termines cuarto medio, porque sin estudios no vas a ser nada- le aconseja la asistente.
-Tengo muchas ganas de estudiar- asiente Javiera.
Cuando vuelven a la habitación, Javiera y Ana estallan de risa
-¿Me viste la cara pa mentir? Ni me arrugo, jaja-, dice Javiera.
-La asistente se compró toda la hueá- agrega Ana.
Una hora después Javiera está en la calle, sin su guagua. Lo primero que hace es ir donde el padre de su hijo, el Bicho, un traficante de la Esperanza.
“NO TENÍA NADA, QUERÍA UN HIJO”
Javiera ve a Michael, su primer hijo, de vez en cuando. El niño tiene 4 años y vive con su padre, El Brayan, a dos cuadras de su casa. Con el Brayan se conocieron cuando ella tenía 13 y él, 20. “Un día salimos y me lo tiré al pecho al tiro, jaja”, recuerda Javiera.
Después de una pelea con su mamá, él le dijo que vivieran juntos. Al tiempo le pidió que tuvieran un hijo y ella aceptó. Llevaban sólo un mes de pololeo.
-Es que yo estaba enamorá, po. Y además no tenía nada y quería un hijo. Estuvimos tres años y medio intentándolo. Me costó caleta, caleta, no salió de chiripazo- cuenta Javiera.
Tenía 16 cuando quedó embarazada. Durante los siguientes meses fumó marihuana con frecuencia.
-Yo iba al colegio embarazá y el loco me iba a buscar y a dejar con tal que yo no me desapareciera. Pero cuando se iba pal centro a “salvar” (robar), yo desaparecía y me pillaba más volá que la chucha”, cuenta Javiera.
Michael tenía apenas seis meses cuando se acabó la relación. Javiera había probado la pasta y ya no tenía control sobre sí misma. Se perdía días enteros y dejaba a su hijo solo. Las peleas con Brayan eran frecuentes.
-Él me pegaba y yo me pasteaba para no sentir dolor.
Volvió a la casa de su mamá con su hijo. Jovino, el padre de Javiera, recuerda bien ese día:
-Apenas llegó, lo dejó durmiendo y se fue. A las doce de la noche el niñito lloraba de hambre y no sabíamos qué darle. Salimos a buscarla, pero no estaba. Le tuvimos que pedir un poco de leche a una vecina. La Javiera llegó a las 6 de la mañana. No la dejamos darle pecho, porque venía drogá.
-Al final preferí que mi hijo se quedara con el Brayan -resume Javiera. “A lo mejor no iba a sufrir conmigo, pero se iba a quedar solo igual. A veces, cuando voy pasando por su casa, drogá, igual me saluda. Me grita: “¡Hola, mamá Javera!”. Y si tengo moneas igual le paso, le compró su yogurt y un par de zapatillas de repente. No porque esté metía en la volá le voy a dejar de comprar sus cosas. Yo puedo ser la maraca más grande, pero soy la mamá del niño.
Javiera dice que quiere a Michael más que a su vida. Está orgullosa de que no hable garabatos y que ya esté yendo al jardín. “El otro día me dijo los colores en inglés. Jaja, es más inteligente”, comenta satisfecha. Sin embargo, cuando están juntos, no alcanza a pasar una hora y ya no lo soporta.
“¡Quédate tranquilo, cabro culiao! ¡Puta que webiai, pendejo piullento! ¡Me tení chata!”, le dice Javiera.
Cuando él le muestra unas fotografías de pollos que encontró en una revista, le dice: “Mira, mamá Javera, unos pollos”. Ella lo mira de reojo y le responde: “Obvio que sí, ahueonaaaooo”.
Luego de un rato, Javiera saca un pito y se instala al lado de su hijo a fumar. Con el humo aún retenido en los pulmones, le pregunta al niño: “Y vo, ¿vai a fumar o no vai a fumar pitos?”, y le tira el humo en la cara. Michael la mira y sigue en lo suyo. Cuando se aburre, porque ella no le presta atención, empieza a tironearla para que se vayan: “¡Llévame a mi casa!”, le dice.
Ella lo toma bruscamente del brazo y lo va a dejar. Abre la reja, lo entra y se va sin despedirse.
Su segundo hijo, que pasa varios días sin nombre y que la espera en la incubadora del hospital, fue un accidente. Ella no planeaba quedar embarazada del Bicho. Pero en algún momento tenía que pasar, pues no usa condón. De todos modos, nunca pensó en abortar, porque el Bicho le gusta. 
“NO TE METAI CON MI CABRO CHICO”
(29 DE JULIO. MATERNIDAD DEL SÓTERO DEL RÍO)
El Bicho dice que se hará cargo del niño y que le va a poner Alan. A Javiera, la noticia la deja tan tranquila que decide no “zumbarse” y se acuesta temprano.
Al día siguiente, ambos parten al hospital. Sin embargo, en la sala de cuidados básicos, sorprenden a Ana dándole leche al pequeño. Para que la dejen entrar, se ha hecho pasar por su abuela.
Javiera la encara.
-Conmigo va a estar bien cuidado. Y así tú podí hacer la weá que querai. Podís salir a zumbarte sin problemas. ¡Déjame al niño!- le dice Ana.
Todo empieza a quedar claro entonces. Ana ha estado yendo todos los días porque ese niño es una forma de recuperar al hijo que perdió hace seis meses. Para Javiera, en cambio, la guagua es lo que la une al Bicho y no va a dejar que nada se interponga en eso.
-No vengai ná con hueás- le contesta Javiera -No te quiero cerca del cabro chico.
Luego va donde la asistente social para decirle que Ana no es su tía ni viven juntas. La asistente ya sabe que todo es mentira, pues Ana le habló en la mañana y le dijo que Javiera era adicta y se pierde durante semanas.
Javiera se defiende como puede. Asegura que dejó la pasta y que el papá se quiere hacer cargo de la guagua... La asistente no dice nada.
A la salida Javiera le cuenta al Bicho lo que ha ocurrido. Y cuando éste encuentra a Ana en el hospital, la toma violentamente del brazo:
-Si no querí que te haga una animita al lado de la de tu hijo, mejor que no te metai con mi cabro chico.
Ana dice que sólo tenía buenas intenciones y desaparece.
Javiera a los siete años durante un paseo a la playa. Poco después se enteró de que su madre biológica la había abandonado.
“FELIZ DÍA, SEÑORA”
(4 Agosto, Población Los Andes, Puente Alto)
María Garros, la madre de Javiera, tiene 76 años. Pero no es su verdadera madre. En el living de su casa cuenta la historia.
-Recibí a la Javiera en marzo del 1988, cuando tenía más o menos un mes. La verdadera mamá se llama Marcela, la tuvo en Los Ángeles y vino a dejársela a la abuela. Y la abuela me la pasó a mí porque en donde estaba trabajando no la aceptaban con la guagua. Yo no quería otro niño, pero vi tan afligida a la señora que terminé aceptando. Me pasó cinco mil pesos y me dijo que me iba a mandar la leche y todo lo que la guagua necesitara cada mes. Pero no supe nada de ellos hasta que la Javiera cumplió como ocho meses. Entonces vino la mamá. Yo la tenía acostadita en un sillón, durmiendo. Y entró la señora y se quedó mirando. Ni la tomó en brazos, ni nada. Estuvo como diez minutos y lo único que hacía era mirarla. Se sentó, me preguntó si se portaba bien y nada más. Después cuando se fue no me dio ni las gracias. Nunca más vinieron a verla.
Javiera se enteró de su origen a los 8. Un día llamaron a María de la escuela porque la niña le había pegado a alguien. Por entonces ya tenía mala conducta. El director preguntó “¿qué es de los padres de esta niñita?”.
-Y justo ella entra en la oficina y escucha todo. No se puso a llorar ni puso ni una cara. Entonces yo le dije: “la otra mujer, la que te parió, nunca la vi. Tu abuela fue la que te entregó por cinco mil pesos”. Ella se quedó callada, no dijo nada como en cinco minutos. Después me miró seria y dijo: “¡Aah, yo no quiero a esas otras viejas!” y salió corriendo de la oficina.
Solo cuando Javiera cumplió 18 años, volvió a saber de su madre.
-El año antepasado me llamó por teléfono esa señora. Llamó justo pal día de la madre, pa que la fuera a verla. Dijo que la habían operado de un riñón y que quería que la perdonara y no sé qué más. Yo le dije que qué venía a pedirme perdón si ya habían pasado 18 años. Le dije: “¿Sabe qué? no quiero conocerla, no estoy ni ahí, y si se aparece por acá la voy a agarrar a coscachos. ¿Sabe que más? Feliz día”, y le corté, jaja. 
“NO SE ME OCURRE CÓMO SER FELIZ”
(5 AGOSTO, POBLACIÓN LOS ANDES, PUENTE ALTO)
Javiera vive en la villa Los Andes, en Puente Alto. Al lado está La Esperanza, donde ella va a comprar y a fumar pasta. Allí es mejor no entrar si no tienes un conocido. Incluso la policía solo anda por la periferia de las siete manzanas que forman La Esperanza. De noche, cuando alguien mira hacia el fondo de los pasajes con los faroles quemados, solo se ven decenas de pequeñas llamas, como luciérnagas, que son la pasta ardiendo en las pipas de cobre. De día no se ven las luces, pero la pasta se sigue quemando. Los hombres se financian macheteando o robando. Las mujeres también se prostituyen. Javiera, por ejemplo, se ha acostado con el “Viejo Polo” por 5 papelillos, o sea por 5 mil pesos.
Ahora estamos afuera de la casa de Javiera y es de día. Al fondo de la calle pasa Yessenia, con cara de perdida. Viste pantalón de buzo rojo y una polera blanca. Lleva el pelo recogido con una cinta verde. Tiene aproximadamente 18 años y entre sus manos sujeta un codo de cobre que se lleva a la boca. Acerca el encendedor y quema. Se detiene dos minutos. Se frota los brazos una y otra vez. Camina una cuadra y se para de súbito como si hubiera recordado algo. Se da vuelta y grita:
-¡Yapo, hija, apúrate, po!
Una niña de poco más de un año está agachada jugando con unas piedras. Mira a su madre sonriendo y avanza con pasitos cortos hacia ella. Yessenia la espera un momento, pero antes de que la pequeña la alcance, empieza a caminar otra vez, saca la pipa y quema. Nuevamente se voltea y vocifera: “¡Yapo, Cony, que no tengo todo el día!”. La niña intenta alcanzarla, pero ella es demasiado rápida. Estira los brazos para que la tome, pero la joven la ignora. Cony llora. A Yessenia no le importa. Continúa su camino hasta perderse al final del pasaje. La niña la sigue.
En el barrio, es común ver a adolescentes embarazadas y niñas paseando con pequeños de un año, mientras fuman pasta. Javiera es solo una de ellas. Incluso puede ser una de las menos dañadas.
Mirando a Cony es inevitable pensar en la historia de Javiera. Los niños abandonados, regalados, entregados a cambio de 5 mil pesos, no desaparecen. La vida parece frágil pero lo que hace para aferrarse, para evitar la muerte y perdurar, a veces hiela.
Para Javiera sobrevivir fue también corromperse. Anular la mente, los límites, la ética, hasta la más vaga idea de felicidad. Quedarse solo con el cuerpo embotado por la pasta. Porque en ciertos infiernos urbanos, sólo el cuerpo puede existir, al costo terrible de quedarse hueco.
En un momento de confianza le pregunto a Javiera
¿Qué tendrías que tener para ser feliz, para salir de aquí?
-No sé, tendría que llegar a ser feliz pa saber con qué soy, feliz po.
¿Pero no hay algo que te gustaría ? ¿Plata a lo mejor?
-No, la plata culiá a mí no me hace feliz. En el momento no más me hace feliz, pero después quedo terrible triste... No sé, no se me ocurre nada.
¿Casarte, tener una familia?
-Noo, pa qué quiero familia, son puros problemas los hueones. Ahí sería infeliz, po.
¿Una casa?
-Mmm, capaz que eso, una casa, pero pa mí sola. Con más gente sería una casa feliz, pero una mujer infeliz, jaja. Noo, no sé. Total yo ando todo el día en la calle, pa qué quiero casa. De verdad no se me ocurre nada para ser feliz.
Javiera tiene 20 años. Lo mismo que la Concertación.
LOS HUEONES DE ACÁ VALEN CALLAMPA
(6 AGOSTO, POBLACIÓN LOS ANDES, PUENTE ALTO)
Estamos en el antejardín de la casa de la madre de Javiera. Ella toma una cerveza y habla de cosas sin importancia. Está contenta.
Al final de la calle viene una mujer en bicicleta con un niño sentado detrás. Es gorda, de pelo oscuro, y parece muy molesta. Se detiene justo frente a la reja. Javiera, me dice en voz baja “Yo no soy la Javiera”. Luego le pregunta a la desconocida qué necesita.
-Vengo a buscar a la Javiera, me dijeron que estaba acá.
-Y pa qué la querí.
-¿Y a voh qué te importa? Quiero hablar con la Javiera, no má.
-Ya, la vamos a ir a buscar- dice.
Nos paramos y vamos hacia la casa. Sin embargo, Javiera no aguanta la curiosidad.
-Yo soy la Javiera.
-¡Con vos quería hablar, maraca conchetumadre! Soy la Isabel, la ex del Bicho- le dice, y mete la mano a un bolsillo interior de su chaqueta como para sacar un arma.
Javiera se apura en entrar a la casa, pero antes le grita: “¡Ándate no má, yo no tengo na que hablar con voh, maraca culiá!”, y cierra de un portazo.
“Puta, no puedo pelear, porque ando con puntos, capaz que me raje”, dice Javiera entre risas, apoyada en la puerta.
Desde adentro se oyen los gritos de la desconocida. “¡Sale, hueona! Voh no me vai a venir a quitar al Bicho!”. Javiera se ve un tanto preocupada, dice: “Si quiere le corto la pichula al Bicho y se la regalo pa que no huevee”. Se sienta en el sillón y se queda escuchando.
-¡Sale a pelear, po, huacha culiá! Mira que ando cargá. ¡El Bicho es mío!- vocifera Isabel.
Javiera se ríe. Prende la tele.
-Cuando el Bicho se entere le va a sacar la chucha, la va dejar pa la cagá. Capaz que la mate. Yo sé que el hueón le va a pegar, porque a mí también me ha tocado mi parte alguna vez por andar hueviando- comenta Javiera.
A ella no le importa mucho el ser golpeada. “Igual por el Bicho pelearía, si el Bicho es terrible buen partido”, dice. El Bicho es traficante, por eso Javiera cree que con él, nunca le va a faltar nada, ni a ella ni a su hijo. Y aunque le ha pegado varias veces, sigue enamorada de él.
Unos días después, el 7 de agosto recién pasado, el Bicho la agarró a patadas. La vio conversando con el “viejo Polo” y le gritó desde el auto: “Soi terrible chata, maraca conchetumadre, ya andai zumbá ya, culiá”, Y cuando la pilló sola, la tiró al suelo. Le pateó la cara, las costillas y la arrastró. Luego la abandonó a su suerte en medio de la calle.
Javiera dice que el Bicho siempre se pone celoso, aunque no siempre la apalea tan fuerte como ahora. Esta vez “se le pasó la mano”.
Al día siguiente, el Bicho fue a pedirle que por favor no le echara a los pacos. Ella ni lo había pensado. Está acostumbrada a los golpes. Otros también le han pegado antes. Por ejemplo, el Brayan, -padre de su primer hijo- y el “chico Digno”, que varias veces le ha pedido matrimonio. Digno fue el peor, le dio un machetazo. El hombre tiene 50 años, es soltero y está enamorado de Javiera. Ella ha pensado seriamente en aceptarlo como esposo.
-Con el viejo Digno estaría tranquila, po, tendría mi casa, además me quiere caleta y estaría sola todo el mes, porque él trabaja pal sur-, reflexiona.
El día del machetazo, Javiera lo había ido a ver con su hijo Michael. Ella estaba sentada al lado del coche, en el living, cuando él le preguntó que había hecho la noche anterior. Javiera le respondió que nada, pero él no la escuchó; sacó un machete y se abalanzó sobre ella.
Javiera se alcanzó a proteger con las rodillas. El machete le dio de lleno en la rodilla izquierda. Con el hueso a la vista, huyó empujando el coche. Digno no la siguió, se sentó en el sillón, arrepentido. Javiera no lo denunció.
Brayan, el papá de Michael, también la golpeó mucho. A los pocos meses de vivir juntos le dio la primera paliza por cambiar una cadenita de oro de su hijo por pasta. Otra ocasión fue cuando Javiera fue a comprar pasta a la casa de una amiga y dejó el coche afuera. Cuando Brayan pasó, reconoció el coche y la entró a buscar. Ella se escondió por horas hasta que pensó que se había ido. Pero apenas puso un pie en la calle, él la tomó del cuello y se la llevó a patadas y combos a la casa.
-La última vez que me pegó el Brayan, el Michael iba a cumplir los tres años. La noche anterior, me había pasado treinta lucas, yo le había comprado unas cosas al Michael y el resto me lo gasté en pasta. Cuando Brayan cachó, me sacó la conchetumadre-, recuerda Javiera.
En el barrio, es frecuente ver parejas de lesbianas. Javiera cuenta que entre sus amigas hay por lo menos 10. “Es que los hueones de acá valen callampa po, son todos golpeadores, maltratan a las minas, les ponen el gorro, se acuestan con otras, entonces la mujer se aburre y prefiere andar con una mina, que no le pega y que es más cariñosa”, reflexiona Javiera.
En el barrio es tan normal que ya ninguna persona se cuestiona esto. Todas lo entienden.
“ESTOY CANSADA”
(18 DE AGOSTO, POBLACIÓN LOS ANDES, PUENTE ALTO)
Hace una semana Javiera se fugó de la maternidad. Los primeros días de alta se despierta temprano y se va al hospital para darle leche al bebé. Lo acompaña hasta el medio día, va a almorzar a su casa y regresa por la tarde. Sin embargo, esta rutina no le dura más de una semana. Las ganas de salir y quemar pasta son más fuertes y va perdiendo el interés por su hijo.
En una de sus visitas, la asistente social le advierte que no le van a entregar al niño sino se rehabilita. Le dan la posibilidad de internarse o tratarse en forma ambulatoria.
-Mi mamá me dijo que mejor me quedara adentro, porque si no voy a andar puro gastando plata. No sae ná que de allá me voy a fugar, voy a agarrar a la guagua y me voy a arrancar- anuncia Javiera.
Ese mismo día debía ir al Centro Comunitario de Salud Mental de Puente Alto y fijar una fecha para su internación. Hasta hoy ese trámite no lo ha hecho.
Peor, con los días, Javiera comenzó a desparecer de su casa tardes enteras sin pensar en su hijo. El “Viejo Polo” le llevaba papelillos y ella partía tras él. Una noche se abuenó con el Bicho y tuvieron sexo sin condón.
-¡Si no soy de fierro, po, jaja! Igual yo estaba todavía con puntos y parecía que estaba teniendo otro hijo de tanto que me dolía la hueá! ¡Me dolió más que la conchetumadre! ¡pero igual no más! -detalla Javiera.
Durante esos días, Alan sigue en el hospital, sin visitas y con las enfermeras alimentándolo y vistiéndolo. Afortunadamente el pequeño no ha presentado muchos problemas. De la mala vida de su madre sólo heredó una infección por sífilis que fue controlada rápidamente. Pero la pasta no le ha dejado daños físicos visibles, aunque es casi seguro que sí habrá secuelas en un tiempo más. El médico que lo atendió piensa que puede tener problemas de aprendizaje, déficit atencional o alteraciones motoras simples. “Claro que el caso de Javiera no es tan grave como el de otras madres”, explica el médico.
Hoy de la Javiera se sabe poco. “El otro día la vi. Por ahí andaba, zumbá”, dice una amiga. Como es quincena, el “chico Digno” y el Pelao, andan con plata y le pasan para su vicio.
El martes pasado llegó a las seis de la mañana. Su mamá se levantó a abrirle la reja. Sin saludar, se fue derecho a la habitación que comparte con uno de sus hermanos mayores. Pasado el medio día la señora María la despertó para saber si iba a ir al hospital a ver a Alan, pues ya había pasado un par de días sin que lo visitara.
- Hoy no, respondió ella.
Después de mucho insistir logro que Javiera se ponga al teléfono.
¿Cuándo vas a hacer los trámites para internarte?- le pregunto.
-No sé. Ya estoy aburrida de esa hueá ya. Más lo que me han hueviado.
¿Qué vas a hacer?
-No sé, todavía no lo he pensado. Pero el Bicho va a ir a hablar con la asistente para que le pasen al Alan. Él quiere hacerse cargo....
¿Y cuándo vas a ir a ver a tu hijo?
-A lo mejor mañana. Hoy estoy cansá.
sábado
CLAUDIO SPINIAK
“No era el único que hacía estas fiestas en Chile. No seamos hipócritas”.
El caso Spiniak es una de las historias más terribles y confusas de la última década. Un festín de miserias humanas, de exageraciones monstruosas y de metódicas sordideces, que aún reverberan en el recuerdo de los chilenos y que acaba de concluir con la condena de su protagonista a 12 años de cárcel por abuso sexual contra cinco menores, entre otros delitos. Finalizó así, sin mucha bulla, un escándalo que prometía tener todos los ingredientes necesarios de un thriller. Durante cuatro años Ana María Sanhueza y Pablo Vergara, editores de The Clinic, investigaron esta historia para escribir un libro que explicara sus verdades. El libro se titula “Spiniak y los demonios de la Plaza de Armas” y pronto estará a la venta. Aquí les presentamos un extracto de una entrevista realizada a Spiniak en marzo de 2007 en la Cárcel de Alta Seguridad.
Por Ana María Sanhueza y Pablo Vergara
La casa de los Spiniak en Providencia era un hogar severo, de gente rica sin ostentaciones. Aunque desde afuera pudieran verse muy unidos, la verdad es que entre ellos había un espacio profundo. Una brecha creada por el propio Miguel Spiniak, que en los años cincuenta debió operarse en Estados Unidos de una estenosis mitral reumática. Aunque la intervención fue un éxito, desde entonces el patriarca no fue el mismo. Se ensimismó y se obsesionó con la idea de la muerte. Tanto, que tomó una rara decisión: asumió una relación fría con sus hijos, aunque mantuviera la exigencia en los estudios. Miguel Spiniak no quería que su familia se encariñara con él como para extrañarlo a la hora de su muerte. Él tampoco quería acostumbrarse a su cariño. Fanny Vilensky, la madre, debió llenar ese vacío. (...) En el Grange School fue donde Claudio Spiniak vivió su primera gran humillación: Ocurrió en 1962, cuando estaba en segundo de humanidades y una discusión con otro compañero terminó en un desafío: encontrarse en las canchas para dirimir a combos la disputa. Spiniak, esa vez, se llevó la peor parte, frente a la mirada de sus compañeros de curso. No sólo le dieron una paliza; su rival además lo orinó cuando estaba en el suelo.
(...) En 1979, tras separarse de Verónica Berkovic, Spiniak se hizo cliente frecuente de “Fernando Relax”, un prostíbulo donde atendían hombres mayores. No le interesaban los afeminados: prefería a tipos con personalidad, activos. Fue allí que se encontró con Héctor Torres Albornoz, conocido en el ambiente como Matías. Él lo atendía con mucha fuerza. Lo humillaba, lo trataba de “gusano”.
Pero faltaba más. En 1990, Spiniak viajó a Estados Unidos. En San Francisco, California, compró una revista de sexo. Le llamó la atención un aviso: “Te arrepentirás de haber nacido, pero querrás volver. Si te interesa, llama”. Era el anuncio de un “dominatrix sádico”.
Spiniak fue. Le pegaron. Lo azotaron. Lo amarraron. Le apretaron los testículos con una prensa. Le gustó.
A su regreso a Santiago intensificó sus visitas al circuito homosexual del centro. Fue cliente de los principales saunas que rodean las ocho manzanas del poder. Conoció locales en que se arrendaban piezas para tener sexo y en las que además podía mirar, por ranuras secretas, a sus vecinos. Fue a privados en los que podía entrar con varias parejas y realizar orgías. No se fijaba en gastos tampoco. Su familia acababa de vender Frigoríficos San Miguel (Frigosam) en 50 millones de dólares, y a él le habían tocado más de 10, que metió al banco para vivir de los 15 millones de pesos mensuales que le reportaban los intereses. Tenía recursos prácticamente ilimitados a su disposición. Se hizo de un Audi, un refugio en La Parva, y en los momentos de lucidez que le dejaba la droga empezó a soñar con construir el mejor gimnasio de Chile, y para eso decidió invertir siete millones de dólares comprando los aislantes en Alemania, las maderas en Japón y las mejores máquinas desde Estados Unidos y Europa.
Para cuando el Go Fitness estuvo listo a un costado de Avenida Kennedy, el 21 de agosto de 1999, la vida de Spiniak estaba por el suelo. Sus niveles de consumo de cocaína -que llegaron a oscilar entre los 5 y 10 gramos diarios- lo tenían prácticamente loco, viviendo entre proxenetas y orgías.
(...) En la Cárcel de Alta Seguridad, Spiniak habla lento. No es que no recuerde cosas. Le cuesta hablar por los medicamentos que está tomando. Para hacer más diligente la entrevista, pide cuestionarios. Responde las preguntas con redacción meticulosa. Con la misma que habla. El Spiniak escrito casi no varía del que uno escucha.
Un tema recurrente en él son las drogas. Siempre habla de ellas.
-Me inicié en las drogas a través de la marihuana, cuando tenía 18 años. Pertenecí a la época de la “revolución de las flores”. Era todo un signo de nuestra generación. La probé, pero la consumía en forma muy ocasional. Mi consumo era de cocaína principalmente, y desgraciadamente mi situación económica me lo facilitaba. No intento justificarme, pero el consumo de drogas, sean cuáles sean, tiene una complejidad social de la cual no escapé -dice.
¿Cuándo se le fue de las manos este tema?
-Cuando vendemos Frigosam y me encuentro sin responsabilidades, lo que implicó además contar con una suma de dinero infinita para llenar mi tiempo vacío de actividades a las cuales estaba acostumbrado. El consumo, de ser ocasional, pasó a ser de todos los días. Se cruzó con una crisis personal muy profunda. Llegué a consumir entre 5 y 10 gramos diarios.
¿Cuándo se desboca esto?
-Se va produciendo un cambio en mis amistades, voy reemplazando mis relaciones sociales por relaciones del ámbito de la prostitución. Me fui introduciendo en un ambiente muy ajeno a lo que era mi vida. Y rápidamente se corrió la voz de que tenía grandes cantidades de dinero para gastar. Para ese mundo, que ya existía, yo era un buen cliente. Insisto en que ya existía, pues al leer la prensa cualquiera puede pensar que este mundo nació con mi participación. El cuartel general de los prostitutos se encuentra en la Plaza de Armas. Ahí yo era ampliamente conocido. Esto hizo que algunos menores intentaran participar mintiendo en su edad, y yo los despachaba fuera de la casa cuando descubría que estaban mintiendo.
¿Cómo afectó esto sus prácticas sexuales?
-En este ambiente pude experimentar con mi sexualidad libremente. Indiscutiblemente no me di cuenta que el tema era más profundo y que la solución no estaba en las drogas ni en la decadencia. Hoy tengo clara conciencia de que era un problema de la siquiatría. Las reglas del juego eran que entre seres adultos, con el consentimiento mutuo, todo es normal; argumento que me permitía convivir con mi problema. Pero no era la solución. Posiblemente liberé mi sexualidad en forma incorrecta e insana, pero tampoco puedo dejar de lado que mi generación fue bastante reprimida sexualmente. Pero nada justifica lo que hice, y transformé mi sexualidad en una anormalidad infinita. Nada era suficiente.
¿Cuándo diría que está el cambio en esas relaciones sexuales?
-En San Francisco, California. De ahí en adelante busco prostitutos y prostitutas que me castiguen y me humillen. ¿Se da cuenta de que las claves de este gran derrumbe estaban encubiertas, ya en mi personalidad, y como no tuve la visión suficiente para ir donde un psiquiatra, tomé el camino equivocado?
Para usted, ¿buena parte de lo que ocurrió fue por efectos de la droga?
-Hoy tengo clara conciencia de hasta qué punto perdí el camino correcto dentro de los parámetros morales y éticos de la sociedad. Fui un sobresaliente alumno de la Escuela de Economía de la UC, un excelente empresario, destacado deportista en la práctica de diversas disciplinas como esquí, rugby, velerismo y karate, en que soy cinturón negro segundo Dan... Esos resultados no se logran sin tener una gran disciplina interior. Todas esas actividades fueron reemplazadas por la cocaína. Pasaba tres a cinco días sin dormir, y cuando lo hacía no eran más de tres horas. Aspirando coca y combinándolo con un mínimo de media botella de vodka. Así, sin darme cuenta, el camino al abismo se abrió a mis pies.
¿Cómo llegó a ser amigo de los proxenetas?
-Jamás existió esa amistad. Era vivir el día a día y ahí yo creo que encontraba satisfacción para calmar mis delirios. De una u otra forma tenía claro que eran pájaros carroñeros. El punto es que ya se había establecido un fuerte vínculo de dependencia: ellos necesitaban mi dinero y yo sus servicios. En silencio, tenía que aceptar pequeños abusos, como ver que muchos objetos de valor de mi casa iban desapareciendo lentamente. Mi condición de drogadicto permanente me quitó las fuerzas necesarias para detener este espiral autodestructivo.
¿Cómo fue su detención de septiembre de 2003?
-Un show organizado para la prensa. El día previo había concurrido al juzgado a firmar. Mis abogados le habían manifestado días antes a la señora jueza mi disposición a presentarme voluntariamente en cualquier momento si me necesitaban. Nada justificaba el gran despliegue de Fuerzas Especiales y a las 2 AM con la prensa esperando. Aquí es cuando yo insisto que se pretendía utilizar mis conductas impropias, pero propias de un enfermo, con otros fines. No puedo entender quién logra darle tal grado de certeza a la ex diputada Pía Guzmán, como para que ella vaya a la casa del presidente del Senado en la noche, y luego haga la denuncia pública involucrando a tres senadores de la República. Qué argumentos, pruebas, recibió la ex diputada que le permitieron lanzar un misil contra el Poder Legislativo, causándole un severo daño a las instituciones del país, es algo que no puedo explicar. Cero responsabilidad en su denuncia, o bien una abierta manipulación de terceros, pero aquí hay un vacío sin respuesta.
Ha dicho que no sabía que era delito lo que pasaba. Pero consta en el expediente que algunas veces se chequeaba que no hubiese menores de edad en su casa. ¿Quién decidía esas precauciones? ¿Por qué?
-Lógico, yo tenía claro que no era delito tratándose de mayores de edad. Si tenía dudas con una persona les pedía la cédula de identidad, hablaba con ellos y cuando eran menores los mandaba de vuelta. Hoy tengo plena conciencia de mi grado de descomposición pero curiosamente siempre fui muy atento a caer en figuras delictivas. Además le puedo decir que no era el único que realizaba estas fiestas en Chile. NO seamos hipócritas.
¿Cuál es la peor mentira que se ha dicho de Spiniak?
-Existieron muchas. Y hasta hoy me pregunto quién estaba detrás de ellas. Por ejemplo, la participación de políticos. Pero moralmente la peor mentira que se dijo fue lo relacionado con la tortura y asesinato de una niña chica de nombre Margarita. También me afectó el que se me tratara en los medios de “pedófilo”, por lo cual la justicia nunca me procesó, pues nunca existieron niños. Si hubo algún menor, éste representaba ser mayor y tendría un poco menos de 18 años.
¿Cuál fue el peor exceso que recuerda?
-Yo creo que fue mucho más que un exceso. Fui víctima de un cuadro extremadamente complejo en lo autodestructivo, que lo podría enmarcar en lo “inimaginable”. Extenderme más me parece un acto de morbosidad insana y que no ayuda a nada ni a nadie.
¿Por qué se llegaba a esos excesos?
-Estaba mentalmente enfermo, y rodeado por otros enfermos. Hoy es un hecho que me ha costado mucho superar, pero de la misma forma que superé mi adicción a las drogas, creo que seré capaz de enfrentar estos hechos y superarlos. Tengo muy claro que fue algo horrible, pero sería más horrible no



