20080712

EL PACO QUE MATÓ AL NIÑO


Óscar murió a sólo siete días de cumplir los 12 años. Una tarde peleó con el hijo del carabinero Miguel Canto Matus y a la noche el uniformado vino y lo mató. Los tribunales determinaron que la muerte fue accidental y a comienzos de mes condenaron a Canto a 5 años de cárcel. Aquí la reconstrucción de esa terrorífica noche, basada en los
testimonios entregados en el juicio.

POR VERÓNICA TORRES SALAZAR



on las 10 de la noche y Haydée Alcayaga está en pijama, acostada. Vive en Maipú, en una de las casas pareadas de dos pisos de la villa “Los Claveles 4”. Está sola porque su marido tiene turno en la fábrica de plásticos donde trabaja y sus dos hijos andan jugando por el pasaje. De pronto, Óscar (11) -su hijo menor- sube corriendo las escaleras mientras grita “mami, dame plata”.
-¿A dónde vas?, le pregunta Haydée.
-A comprar un completo, dice Oscar, “Voy y vuelvo”.
Pero Óscar no va a volver. En la plaza, lo están esperando sus amigos: Carlos (15), Luis (13), Francisco (15), Irania (15), Fernanda (15) y Scarlett (13). Es sábado 25 de agosto y están sacándose fotos con sus celulares. El juego favorito de Óscar es el baile del koala. Quiere bailarlo con Scarlett. Se gustan, a pesar que él es el más chico del grupo. Mide alrededor de 1.40 y le dicen “El Punto” porque, además de chico, es negro. En el barrio es conocido porque trabaja en la feria y en el camión del gas, subiendo y bajando balones. También tiene fama de peleador y maldadoso: una vez se encaramó en los techos de los vecinos y botó las tejas.
Al frente de la plaza, Óscar ve a Miguel y corre a molestarlo. Los niños fueron compañeros en cuarto básico en el Boston College, donde estudian muchos hijos de carabineros que viven en una villa cerca de ahí, justo en el límite de Maipú con Pudahuel Sur.
Las amigas de Miguel cuentan que Óscar le tenía sangre en el ojo, porque lo habían expulsado del Boston cuando Miguel lo acusó de llevar una cortapluma.
Fernanda, una de las amigas de Óscar, afirma que esa noche empezó a molestarlo por su voz de niña.
-Miguel se puso a llorar y le pedía a sus dos amigas que lo defendieran, pero ellas se reían. Todos nos reíamos... Entonces Miguel me dijo “tu soi compañera de mi hermana, así que dile que no me moleste más”. Yo le dije al Óscar “no te metai con él porque es hijo de un carabinero” y él dijo “si sé porque era mi compañero”; entonces, “anda a pedirle perdón” y el Óscar se fue corriendo detrás de él.
Óscar llegó a la villa de los carabineros donde hay tres torres de departamentos protegidas con rejas. Iba con Luis mientras que los demás venían atrás, jugando. Trataron de entrar a la villa, pero un guardia los echó.
En eso, aparecieron los otros niños, y como las torres están ubicadas en el borde de Américo Vespucio frente al Parque del Sendero, se les ocurrió cruzar. A veces se metían al cementerio por la calle Casas Viejas donde pintaban grafittis. Eran cerca de las 22: 30. Se sentaron en la cruz y Óscar se puso a contar cuentos de terror. Quería asustar a las niñas. Les hablaba de un hombre sin cabeza. Scarlett se reía coqueta. Toda la noche le habían hecho gancho con Óscar, pero ya era tarde, casi las once, y se les acababa el permiso. Tenían que volver.
El camino era solitario, de tierra, y cerca de ahí había un potrero. Estaba oscuro. No había postes de luz. Sólo unas ampolletas que alumbraban las pérgolas. Los niños venían caminando separados: adelante iba Irania con Carlos, al medio Fernanda, Luis y Francisco, y atrás Óscar y Scarlett. Recién se habían dado un beso. El primero para Óscar. No podía estar más contento. Entonces, apareció un auto en sentido contrario. Venía lento y se detuvo justo al frente de ellos. Eran los padres de Miguel: el carabinero Miguel Canto y Marvi Sunkel, quienes se bajaron, alterados.
“Le dije al Óscar que nos acercáramos a nuestros amigos, por si acaso” le contó Scarlett a los jueces. “En eso el caballero se bajó del auto, tira un balazo al aire y empieza a decir que porqué se había metido con el hijo de él. Pero el Óscar no decía nada. Se movía de un lado a otro. Estaba asustado porque el hombre lo apuntaba y el Óscar quedó parado y el caballero lo zamarreó. Le pegó una patada y le decía que nunca más se metiera con su hijo”.
Fernanda recuerda haber escuchado a Óscar pidiendo perdón. Ella estaba en un costado con los otros niños. Marvi -la esposa de Canto- les había dicho que se sentaran en la cuneta. Todos los niños declararon que para que le hicieran caso, ella les dijo que venían los carabineros. También los garabateaba. Les decía “cabros culiados, ustedes que trataron mal a mi hijo”. Los más grandes, Carlos y Francisco, no querían sentarse. Luis, en cambio, le gritaba a Marvi que se iba a sentar si ella le decía a Canto que dejara a su amigo. Estaban mirando todo porque las luces del auto estaban encendidas, y a Fernanda le costaba creer lo que estaba pasando.
“Yo dije a lo mejor no le va a hacer nada porque es un niñito y él (Canto) cómo se iba a meter con un niño si es tan grande. Pero el carabinero le decía hartos garabatos y estaba siempre con la pistola en la mano y a ‘onde se movía el Óscar, él movía la pistola. De repente, sentimos el disparo. Yo me puse a llorar y las chiquillas no reaccionaban. Entonces, él (Canto) empezó a llamar a la señora por su nombre y ahí tomó al Óscar de una mano y de un pie como si fuera un perro. Después lo tomó de la guata. Entonces, al Óscar se le dio vuelta su carita hacia donde estábamos nosotros y vimos que tenía los ojos blancos”.
Canto subió a Óscar al auto, con ayuda de los niños, y lo ubicó en las piernas de Marvi. Apretó el acelerador y se fue directo a la posta más cercana de Pudahuel. En el asiento trasero iba su hijo, Miguel, y las dos amigas que estuvieron con él esa noche. Todos lloraban. El hijo de Canto decía que era su culpa mientras que una de las chicas pedía que manejaran más despacio. Al llegar a la posta, Canto se bajó con el niño en brazos. Según la fiscal, Mitzi Henríquez, al ingresar el carabinero no se identificó y dejó a Óscar en una camilla. El médico le tomó el pulso y dijo “este niño está muerto”.
- “Ahí, Canto dice ¡no!” y se va corriendo al auto- cuenta la fiscal-. J
usto en la posta, había un carabinero que estaba de guardia. Él dice que sólo vio a un tipo con un cuerpo que después salió corriendo y pensó que era un delincuente, entonces, sale a perseguirlo, pero ve que arranca en un auto. Se devuelve y llama a la unidad y les cuenta que hay un menor muerto a lo que, posteriormente, le indican “quédate ahí, ya va ir el oficial de guardia. Canto se está entregando, habría sido él”.

EL CABO CANTO
Miguel Canto Matus era carabinero hace 19 años. Entró el año ‘88 y fue destinado al sur. En Puerto Aysén conoció a Marvi Sunkel cuando ella trabajaba de cajera en un café que él frecuentaba. Marvi recuerda que cuando supo que era carabinero pensó “es paco, qué lata”. Pero Canto la hizo cambiar de opinión: le abría la puerta del auto y no decía garabatos. Para ella, era un perfecto caballero y al mes se fueron a vivir juntos: a escondidas, los uniformados sólo pueden vivir en pareja cuando están casados. Pero las intenciones de Canto eran serias y seis meses después celebraron el matrimonio.
Los Canto Sunkel vivieron en algunos pueblos de la Carretera Austral hasta que llegaron a Santiago hace siete años. Canto era Cabo Primero de la 55ª Comisaría de Pudahuel Sur y en su hoja de vida no existen anotaciones negativas. Salvo la última nota escrita el 26 de agosto- el día siguiente de la muerte de Óscar- donde es dado de baja por “conducta mala”. No se específica más. Pese a que la “conducta mala” implica haber dado muerte a un niño de 11 años con su arma de uso personal: una Taurus BT 92 C calibre 9 milímetros.
Según Marvi, para comprar esa arma Canto vendió la que tenía antes. “Desde que lo conozco (hace 16 años) él siempre ha tenido arma particular. Siempre porque Santiago es peligroso. Este mismo sector (Pudahuel) es súper complicado y a todos lados él va con el arma. Al mall, al banco, a la feria. Primero, la usaba en una sobaquera y después en unos bolsitos”.
El propio Canto le relató al tribunal “para mí, el mantener mi arma conmigo era como que me pusiera los zapatos, era muy normal”…
La noche del 25 de agosto, Canto venía llegando del mall Maipú con Marvi y tenía su arma consigo. Marvi dice que si las cosas hubieran pasado 10 minutos después el arma habría estado en otro lugar “pero Miguel igual la habría ido a buscar porque estaba acostumbrado a salir con ella”. Marvi recuerda que estaban ordenando las bolsas del supermercado cuando su marido le preguntó por Miguel (11)- el menor de sus tres hijos- que aún no llegaba de pasear con sus amigas.
- “Yo le dije a mi marido que iba a llamar a las mamás de estas niñas y en eso escuchó gritos y llantos por la escalera. Era mi hijo que venía desesperado. Yo jamás lo había visto así. Yo le dije “te asaltaron” y lo tomé para revisarlo y me dice que él estaba afuera de un bazar y que empezó a recibir golpes por la espalda de parte del Óscar y yo le digo: “¡¿qué Óscar?!” y me dice “ese que fue mi compañero de curso”. Pero yo no caché quien era y le dije: “¡pero como ese cabro te viene a pegar, que se cree!” recuerda Marvi.
Las amigas de Miguel- Aline (12) y Francisca (14)- le dijeron a Marvi - y también a los jueces- que ese día Óscar llegó a la villa de carabineros tirando piedras y amenazando de muerte a Miguel. Por eso, Canto y su esposa decidieron salir a buscar a Óscar para conversar con sus padres. Como no conocían al niño, les dijeron a su hijo y a sus amigas que subieran al auto para indicarles. Dieron vueltas por la plaza y Marvi se bajó a preguntar por Óscar. En eso, una de las niñas recordó que lo había visto arrancando con sus amigos hacia el cementerio. “Yo le dije a mi marido, vamos” recuerda Marvi y al llegar “vimos colores, parkas, a nuestro lado izquierdo. Supusimos que tenían que ser ellos, ¿quiénes más iban a ser? Apenas se bajó mi marido, se fueron todos hacia el lado de él y yo grité ¡cuidado! Porque como era oscuro, tú no veías caras, no veías nada. No podíamos saber si eran menores”.
Ahí es cuando Canto dispara al aire. Según dijo en tribunales, lo hizo porque el lugar era peligroso “Al hacer el disparo, ellos (los niños) se separaron y me dijeron “no si el menor que está atrás es el que busca” y en ese instante yo me dirijo hacia el menor y en el trayecto corto que hice cambió el arma a la mano izquierda y yo no sé, ignoro si se cayó antes, pero cuando lo encuentro el menor está en el suelo”.
Los amigos de Óscar dicen que fue Canto quien lo botó para patearlo en el suelo mientras Marvi les decía a ellos que se sentaran en la cuneta: “Les dije garabatos, pero no los que ellos dijeron. Yo estaba muy enojada. Porque vi a dos niños grandes y les dije “cómo no frenaron a su amigo, por qué dejaron que él le pegara de esa forma a mi hijo. Siéntense en la cuneta”. Yo vi mucha gente parada al lado mío y decirles que se sentaran era una manera de sentir que dominaba la situación, pero nunca tomé ni senté a ninguno por la fuerza y después les dije “voy a llamar a carabineros””.
Marvi dice que estuvo todo el tiempo de espaldas a su marido y que no vio nada hasta que sintió el segundo disparo. Según el informe del Servicio Médico Legal, la bala entró en el cuerpo de Óscar por el sector intercostal, perforó el hígado, el pulmón derecho, la aorta y el pulmón izquierdo. No había forma de que sobreviviera. Canto dice que el disparo se le escapó al tratar de levantar al niño del suelo: “él forcejeaba conmigo, yo creo que igual me tiraba patadas, y yo siempre con el arma en la mano izquierda apuntando hacia abajo y a ‘onde hago la fuerza para levantarlo, disparo el arma, pero en forma accidental. Nunca queriendo ocasionarle la muerte y de ahí veo al menor sangrando y le digo a mi señora “se me escapó un tiro””.
En el auto, estaba el hijo de Canto y sus dos amigas que no recuerdan haber sentido el segundo disparo. Sólo tienen grabado el trayecto hacia la posta. Francisca (14) declaró: “Estábamos todos histéricos y el tío le decía a la tía “Marvi, cómo va”; “va bien”, decía ella; “me van a dar de baja”, decía él. Puras cosas así”.
Canto dejó a Óscar en la posta y se fue a entregar a la comisaría donde trabajaba. En el camino le dijo a Marvi que, por favor, nunca lo dejaran solo. Le dio un beso y ella se fue con los niños a la casa hasta que pasaron dos horas y la fueron a buscar de la comisaría.
- “El jefe máximo me dice “a contar de las 00: 00 horas de hoy, su esposo fue dado de baja de la institución”. Yo pensé mientras dura la investigación y me dice “tiene que ser fuerte, ahora se está trabajando en el cuerpo del menor”. Ah, claro, dije yo, los doctores deben estarle cosiendo las heridas o limpiando la sangre. No, me dice, “el menor falleció” ¡Qué!, le dije”.
Marvi fue acusada por la fiscalía como autora de homicidio calificado junto a su marido. ¿La razón? Haber presenciado el hecho sin hacer nada por evitarlo. Marvi no quiso declarar en el juicio: tenía miedo de romper en llanto. Sin embargo, la noche en qué murió Óscar le dijo a la Brigada de Homicidios que se había molestado con su marido porque reaccionó de forma muy pasiva cuando llegó su hijo Miguel a la casa. Entonces, le habría dicho que salieran a buscar a los padres del niño. La tesis de la fiscalía es que el matrimonio salió de su casa esa noche con la intención de matar a Óscar. Y el argumento es que Canto fue armado a defender el honor de su hijo mientras su señora reunía a todos los niños para que recibieran la reprimenda.
Pero el Quinto Tribunal Oral dejó a Marvi fuera del proceso y condenó a Canto por homicidio simple. Le dieron 5 años y fijaron una indemnización de 30 millones de pesos que deberá pagar a la familia de Óscar. Sin embargo, la fiscalía no quedó conforme y va a presentar un recurso para anular el juicio. Dicen que el tribunal no valoró las pruebas presentadas. Que la única versión que se tomó en cuenta fue la de Canto y no la de los menores. Que Marvi también está involucrada. Que el arma tenía cuatro seguros y que, para disparar, Canto debió quitarlos todos. Que era carabinero y sabía de armas. En su relato, Canto subraya que después de disparar al aire se cambió el arma a la mano izquierda para acercarse al menor. Canto es diestro y ese es uno de sus argumentos para explicar el accidente: si hubiera querido disparar habría ocupado su mano derecha como lo hizo con el primer disparo. Pero en vez de cambiar el arma de mano, ¿por qué no la guardó?...
El día del juicio, la fiscal Henríquez le preguntó a Canto qué pretendía esa noche al acercarse al menor y levantarlo del suelo. Él contestó:
- No sé, po’, a lo mejor reprimirlo, decirle por qué le pegaba a mi hijo tanto…
- ¿No se le ocurrió hablar con el menor desde lejos, sin el arma, sin tomarlo, sin tocarlo? Insistió la fiscal.
Canto respondió: “NO”.

PECHO PERFORADO

Después que Canto llevó a Óscar a la posta, los niños corrieron a avisarle a la familia. Haydée -la mamá de Óscar- recuerda que sintió unos gritos y su hija Karina bajó a ver lo que pasaba. Entonces, le dijo “mamá, un carabinero le disparó al Óscar”. Haydée pensó lo peor. Si un carabinero le había disparado a su hijo, algo malo tenía que haber hecho. Tal vez había robado. Le dijo a su hija que fuera a llamar a su papá mientras que Haydée salió con una vecina a averiguar dónde habían llevado al niño. Entonces, se acordó que no llevaba su carné y se devolvió a buscarlo. Ahí se encontró con uno de los niños, Francisco, y le preguntó qué había pasado: “el Óscar le pegó al hijo del carabinero y por eso él se enojó, fue a buscarlo y le disparó”, respondió.
Haydée intuía que el niño debería estar en la posta más cercana, así que fue corriendo. Cuando llegó nadie le decía si Óscar estaba herido o había muerto. Su marido apareció una hora después. Haydée estuvo todo ese tiempo preguntando si había llegado un niño herido a bala, pero sólo le tomaron sus datos. Cuatro veces le preguntaron el nombre. Haydée repetía entre llantos: ¿quién lo hirió?, ¿quién lo trajo? En el juicio se supo que el carabinero que estaba en la posta tenía órdenes estrictas de no decirle a la familia lo que Canto había hecho hasta que se supiera qué pasaría con él. Es más, fue el fiscal que tomó la causa en un principio, Emiliano Arias, quien recién a las cinco de la mañana, les dijo que el niño había muerto.
- “Ahí uno se borra. No sabe qué pensar, qué hacer con la muerte. Uno dice “¡por qué!”… Me quedé sentada y mi esposo entró a ver al niño. Dijo que tenía perforado su pecho. A mi hija no hallaba cómo controlarla. Lo único que hacía era echar garabatos contra ese carabinero. Era tanta la rabia ... Yo estaba así como vacía”, dice Haydée.
En la villa, todos comentaban lo que había pasado. Nadie podía creer que Óscar había muerto. En su funeral flamearon banderas del Colo-Colo, su equipo favorito. Estaban todos sus amigos, incluidos, los que estuvieron con él por última vez. Gracias a ellos, Haydée pudo saber qué había pasado esa noche con su hijo. Pero mientras más le contaban, menos entendía por qué. Necesitaba preguntarle a Canto: por eso, en enero fue a verlo a la comisaría donde estaba arrestado y se lo negaron.
“Uno no entiende que con tantos años de servicio él haya hecho esto” dice Haydée y continúa: “eso es lo que más me duele. Porque había dos cabezas para pensar. Dos. Ella podría haberle dicho “no lleves el arma o asustémoslo no más”. Porque si estaba tan enrabiado, por qué no llevó a mi hijo a la comisaría. Por qué no lo encerró un par de días, o le pegó unas chuletas. Pero matarlo, no encuentro que fuera lógico”.
Ni Carabineros ni la familia de Canto se acercó a los Landeros a entregar sus condolencias.
Dos semanas después del crimen, el 11 de septiembre, no muy lejos de ahí, el cabo Cristián Vera fue asesinado en una población de Pudahuel Sur por el joven Eduardo Espinoza. En los medios se dijo que había sido una venganza por lo de Óscar, pero nada se pudo probar. Y lo cierto es que el único vínculo entre ambas historias es que ocurrieron en la misma zona y que Vera y Canto habían sido compañeros de comisaría. Durante el juicio se supo que fue Vera quien llamó al carabinero que estaba en la posta indicándole que no tenía que decirle a la familia de Óscar que era Canto el que había disparado.
Pero ambas historias tuvieron distinto final. Mientras el cabo Vera fue elevado a la categoría de mártir nacional, el crimen de Óscar fue olvidado por los medios.
Después de 10 meses en prisión preventiva, Canto fue juzgado y, a pesar que Marvi Sunkel no quiso declarar, leyó para la prensa dos cartas manuscritas de ella y su marido donde pedían perdón y contaban que su familia también estaba destruida.
Para Haydée todo eso se trató de un show porque a su casa no llegó ninguna carta. Marvi dice que no fue a dejarlas, personalmente, por miedo a que pasara algo.
- “Ojalá algún día en el fondo de su corazón puedan entender que Miguel no iba a salir con su hijo, su señora y con dos niñas más diciendo “yo lo voy a matar” dice Marvi y agrega: “nuestra familia también está destruida. El primer mes con Miguel nos hicimos recriminaciones mutuas. Yo le dije “por qué no guardaste el arma después del primer tiro” y él me dijo “por qué no me dijiste vamos al otro día, busquemos a los papás”.
Canto está recluido junto a otros uniformados en el anexo cárcel transitorio de la Subcomisaría Pudahuel Norte mientras que Marvi está sola a cargo de los niños y de su nieto. Vendió su auto y ahora se mantienen, únicamente, con la pensión que reciben de Carabineros. Una tía les paga el Internet y el teléfono. Marvi dice que lo material no le importa, lo que sí le duele es estar separada de su marido y que él ya no sea más carabinero.
- Mi marido era carabinero el 99,99 % del día y el 0,01 que quedaba era papá y siempre discutíamos por eso. Yo le decía “vente a tu casa”, pero él amaba su cuento de carabineros. Él no lo reconoce, pero yo sé que sufre y me molesta que la prensa hablé del ex cabo Canto. Porque ese día él no salió con su profesión en la frente. Salió como cualquier papá sale a defender a su hijo. Pero como era carabinero siento que se le está enjuiciando el doble. Como que él tenía que estar preparado para todo. Pero un carabinero es una “persona” que viste uniforme verde que tiene problemas y que también siente.
Canto baleó a Óscar siete días antes de que cumpliera los 12 años. Sus amigos dicen que él quería ir a Fantasilandia a celebrar y estaba juntando plata para eso. Haydée era la encargada de guardarle cada peso. Eran muy unidos. Dormían juntos y en la mañana, ella le abrochaba los zapatos a Óscar y cuando su marido se enojaba con él, lo defendía. A pesar que sabía que su hijo era desordenado y peleador. Lo más lejano a una blanca paloma. Pero era su hijo.
-Yo lo echo de menos. Imagínese cómo estoy: sola, sola. Con mi esposo no nos llevamos porque es una culpa que nosotros sentimos. Tal vez porque yo le di permiso. Es terrible sentirse así. Porque todos los días usted se levanta y ve su cama. Todos los días lo ve y al acostarse piensa lo mismo- dice Haydée.
Haydée no asistió a tribunales cuando a Canto le dictaron sentencia. Sólo andaba su marido Iván Landeros, acompañado de sus cuñadas. A ninguno de ellos la pena le pareció justa: esperaban 10 años.
- No le deseo ni a mi peor enemigo lo que me pasó a mí. Porque es una pérdida puta, irreparable- dice Landeros, “echaron a perder un matrimonio completo. Ahora hay discusiones ¿y por culpa de quién? Del paco que mató al niño. Ahora, esa persona puta, según los antecedentes que recabaron, era intachable, tranquilo, había trabajado con niños, pero nunca he visto que alguien así actúe de esa forma. Entonces, todo eso me da más rabia”.
En agosto próximo se cumplirá un año de la muerte de Óscar y los amigos que lo vieron morir ya no son los mismos. Fernanda declaró en el juicio que ahora les tiene miedo a los carabineros. Que si le pasa algo en la calle ya no sabe a quién recurrir. Carlos, en cambio, dice que nunca les ha tenido miedo, “pero ahora encuentro que son todos los huevones igual de abusivos. Se aprovechan de uno porque es menor. Igual como el paco que mató a mi amigo”.

3 comentarios:

Barbaridad dijo...

Es increible que esta persona, que se supone racional y en su sano juicio, tenga la cara para decir que "no se le ocurrio" otra forma de increpar al ninio y que el tiro "se le escapo". Eso quiere decir entonces que no es una persona capacitada para portar un arma y mucho menos, para ejercer la profesion de guardian del orden.

Anónimo dijo...

¿Por qué en Chile la justica es "injusticia"? ¿Por qué sólo le dan 5 años a un animal que es capaz de matar a un niño a sangre fria? ¿ Por qué dejan libre a la yegua desgraciada que tenia como mujer, que no fue capaz de parar al animal de su esposo? Me da mucha pena y a pesar de que no conozco a la familia, me pregunto, que pasaria si a uno de mis hijos me lo ASESINAN asi? Y sólo le dan 5 años, más encima en una cárcel de carabineros para que el Pobre carabinero no sufra!!! Paco desgraciado debieron haberlo pasado a la poblacion penal, con todos los asesinos, en donde estan los asesinos, y a la yegua de su esposa tambien debieron arle minimo 2 años, porque ella fue complice!!!

Universal001 dijo...

Paco'e mierda, esto supera todo mi raciocinio... nunca le había deseado la pena de muerte a alguien, eres el primero, maldito asesino... Miguel Ángel Canto Matus, ex cabo, eso es lo que eres, un asqueroso asesino, mata niños, lastre de la peor especie.

Óscar, Puntito... No sé cómo expresar mi cercanía a ti. ¡Qué injusto que hayas partido tan temprano y de esa manera! OSCAR ANTONIO LANDEROS ALCAYAGA No te olvidaremos jamás.

(Pa variar, El Mercurio, con su profesionalismo y tremendo interés en los indefensos, publica mal el nombre de Óscar. Véase http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=273322, donde aparece como Óscar Alcayaga Landeros)