20080712

ARÍSTIDES ROJAS, CABO SEGUNDO, NOS ABRE LAS PUERTAS Y LOS CLÓSETS DE LA INSTITUCIÓN:


“MI COMANDANTE ME DIJO QUE NOSOTROS ÉRAMOS LOS ESCLAVOS Y ELLOS LOS JEFES”

Hasta el año pasado, el cabo Rojas era todo un ejemplo en su comisaría de La Serena. Había
frustrado asaltos y decomisado drogas, hechos por los cuales el mismísimo general del pueblo -el fallecido Bernales- lo felicitó. De pronto, se
produjo un vuelco en su ascendente carrera.
Reclama que, tras un confuso incidente, lo sancionaron y detuvieron ilegalmente. Tras 13 años de servicio, y aburrido del maltrato de sus superiores, Rojas imita al exonerado cabo Leiva y critica a la policía con el uniforme puesto. También revela los cahuines más típicos que circulan por las comisarías: “si un cabo tiene un auto mejor que el de un jefe, lo huevean”, notifica.

POR JORGE ROJAS



El cabo segundo Arístides Rojas (30) es hijo y nieto de carabineros, como la mayoría de quienes postulan para ser policías. Durante 13 años trabajó como motorista y conductor de radiopatrullas, siempre en La Serena. Su historia profesional tiene dos partes: sol y sombra. En la primera hay un peak claro, cuando la prensa local lo catalogó de “carabinero héroe”. Eso fue en julio de 2004, tras enfrentarse a unos delincuentes que habían asaltado una casa. Por ese caso también lo felicitó el fallecido general Bernales, pero cuando aún no asumía la Dirección General, es decir, en la época previa a convertirse en mito.
La vida se nubló para Rojas en febrero del año pasado. Fue parte de una historia confusa en la comisaría; y lo culparon de un hecho respecto al cual, asegura, no tiene nada que ver. De vuelta, Rojas acusó a sus jefes ante la Fiscalía Militar por detenerlo ilegalmente. El ambiente se tensionó. Comenzó a recibir castigos. Dejó la lista uno (los mejor evaluados) y pasó a la cuatro (los peores). De hecho, lo más probable es que sea dado de baja en septiembre próximo (salvo un milagro).
“En la comisaría me decían que retirara la denuncia contra mis superiores, porque tenían la sartén por el mango. Además, me trasladaron y por cualquier cosa me daban días de arresto”, reclama el policía. Sobre su caso, en la sexta comisaría de La Serena no comentan mayormente. “Se encuentra con licencia médica por estrés laboral”, dice un superior.
La última gestión de Rojas para salvar la pega fue hablar con el entonces subdirector de Carabineros, Eduardo Gordon, actual General Director de la institución. La conversación entre ambos terminó con un consejo para el cabo, un clásico: la ropa sucia se lava en casa.

-¿Qué más le dijo el general Eduardo Gordon?
-Me preguntó por qué había denunciado a mis superiores. Le conté que me habían tomado detenido en forma injusta. Él dijo entonces que eso no se hacía, porque ellos eran los jefes, pero le respondí que no iba a aceptar un trato inhumano. Dijo, además, que por mi denuncia íbamos a salir en el diario y en televisión, pues eso desprestigiaba la labor de Carabineros.

-¿Usted quiere seguir en la institución?
-No, ya estoy aburrido. Yo no he matado a nadie ni he cometido ninguna falta como para que me hagan esto. Mi labor es buena, incluso tengo fotos con el ex general Alejandro Bernales, quien una vez me felicitó por un procedimiento. Es injusto que digan que soy el peor de todos, cuando antes me llamaban “carabinero héroe”.


CLASISMO INSTITUCIONAL


-¿Está desilusionado de Carabineros?
-Sí, porque me insultaron, me echaron de una unidad y los jefes le ordenaban a otros carabineros que no se juntaran conmigo. Era como el patito feo.

-¿Por qué hicieron eso?
-Porque abusan y les duele que un cabo, es decir, alguien de un grado inferior, los denuncie. Ellos pensaban que era un atorrante, pero tengo un abogado para defenderme.

-¿Son clasistas los oficiales?
-Claro. Imagínese que por denunciar a un mayor y a un capitán me estaban dando de baja. Los oficiales tienen un casino aparte y emplean como garzones a los propios carabineros del Plan Cuadrante. Los sacan de la calle para que sirvan como mozos y tienen que usar camisa blanca y pantalones negros.

-¿Qué más hacen?
-Si un superior se cambia de casa hay que descargarle el camión, hacer el aseo y pintar la casa... Y no pagan nada.

-¿A los jefes les gusta ser bien atendidos?
-Es que si no los atiendes bien, te pueden trasladar. Acá en La Serena, por ejemplo, van todos los jueves a una avícola a comprarle huevos a los jefes. Va un radio patrulla y compra todos los pedidos.

-¿Y a los de grados más bajos los miran en menos?
-¡Imagínese tener que descargarle el camión a un jefe porque se cambia de casa! A mí me mandaban cuando era nuevo. También, si un cabo tiene un auto mejor que el de un superior, lo huevean. A mí me investigaron por mi auto. Tengo un Hyundai del año 2005 y mi mayor me preguntó cómo había comprado el auto; y cómo podía tener uno mejor que un coronel, si solamente era cabo. Le expliqué que mi señora trabajaba y que estaba endeudado hasta el cuello por haberlo comprado.

-¿Qué otras conductas extrañas le tocó vivir?
-Por ejemplo, los oficiales hacen asados en la comisaría y toman alcohol. Están hasta las tres o cuatro de la mañana y después se van en los vehículos fiscales o hay que ir a dejarlos.

-¿Cómo es el trato con la familia de los cabos?

-Generalmente a las esposas de los carabineros las invitan para el Día de la Mujer a tomar once al cuartel, pero este año a mi esposa no la invitaron. Debe ser porque estoy reclamando. Fue una forma de marginarla.

-Usted es hijo y nieto de carabinero, ¿hay discriminación entre hijos de oficiales y suboficiales?
-Cuando los hijos de los suboficiales van a la Escuela de Carabineros los miran en menos y se preguntan cómo pueden haber llegado ahí. Dicen que eso es para gente que tiene plata. Cuando alguno de esos muchachos queda es porque sus padres trabajaban con jefes que ‘les hicieron la cuña’ . Para ellos es denigrante que un hijo de un carabinero de menor grado sea superior. Nosotros somos los esclavos.

-¿Cómo los esclavos?

-Una vez mi comandante me dijo que nosotros éramos los esclavos y ellos los jefes. Fue cuando me preguntaron por qué había hecho la denuncia.

DOLIDO Y CON MIEDO

-¿Qué es lo que más le duele de lo ocurrido?
-Que le dijiesen al resto de los carabineros que no se juntaran conmigo porque era conflictivo. Eso duele, porque sólo he hecho cosas buenas. No he delinquido, como cuando acá se roban el combustible. Al que lo pillan, lo sancionan con dos días de arresto, porque eso es un delito.

-¿Tiene miedo de que le pase algo por su denuncia?
-Sí, porque el otro día estaba en La Serena y me persiguió personal de la Dipolcar (Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros). Mi temor es que me metan drogas al auto o me acusen por un delito que no he cometido.

-¿Usted sabe que Carabineros es una de las instituciones más confiables según la ciudadanía?
-Sí, y no sé cómo puede ser así. Acá en los cuarteles uno deja las cosas y se las roban; y cuando los carabineros quieren denunciar los hechos, les dicen que cómo, si les robaron en la propia comisaría... Es que los jefes siempre nos dicen que hay que vender una imagen. Esto es igual que una empresa. Si tenemos buena imagen, somos buenos.

-¿Usted está consciente de que lo pueden echar por dar esta entrevista?
-Sí. Ya he reclamado en todos lados y no queda nada más.


HERNÁN LEIVA, EX CABO QUE SE CONFESÓ EN TVN:
“CARABINEROS ME CAGÓ LA VIDA”


Hasta ahora sólo un carabinero se ha atrevido a criticar a la institución con el uniforme puesto. Fue el cabo primero Hernán Leiva, en abril de 1998, cuando la policía se encontraba enfrascada en un problema con los suboficiales por los bajos sueldos y las diferencias que había entre ellos y sus superiores.
En esa ocasión, el cabo Leiva apareció en el noticiero nocturno de TVN, contando las intimidades de los cuarteles y el clasismo que había en la institución. Al día siguiente quedó detenido.
-Ratifiqué todo lo que la prensa decía: que los carabineros y sus familias estaban descontentos con la situación que se vivía en los cuarteles y que el personal no estaba capacitado para realizar procedimientos. También dije que había discriminación y mucho clasismo- recuerda Hernán Leiva.
Según él, habló porque pensó que alguien tenía que hacerlo. Ello luego de ver cómo algunas esposas de carabineros habían sido maltratadas.
Lo que vino después –según él- fue una aplanadora dirigida por Carabineros para deslegitimar su testimonio. Todo demasiado terrible para alguien que en ese momento no tenía cómo defenderse.
-Después de dar el testimonio salí en la maletera de un auto, porque me esperaban varios carabineros de inteligencia para arrestarme. Esa noche dormí en otra casa y al día siguiente fui a la unidad con periodistas para que no me pasara nada. Adentro me insultaron y me llevaron a la fiscalía militar, donde me humillaron más todavía. Allí me dijeron que me mandarían al instituto médico legal para que me declararan loco y así mi testimonio no tendrían validez. Cuando iba saliendo dije que todo era una operación de la fiscalía para desacreditarme – recuerda.
Nada de lo que hizo, sirvió. Fue condenado por sedición impropia y lo dieron de baja. Tras diez años, dice que el drama que vino después de su baja fue tanto más terrible que lo vivido en los cuarteles: Leiva tiene los papeles manchados, por lo que no puede trabajar en lo que hace la mayoría de quienes dejan La Institución: empresas de seguridad. Estudió la carrera de “técnico jurídico”, con lo que podría ejercer como actuario en un juzgado. Pero tampoco ha postulado a ese cargo. Por los papeles.
Al momento de su expulsión, Leiva tenía cumplidos 23 años de servicio. Por ello hoy recibe una pensión cercana a los doscientos mil pesos.
En enero de este año, presentó una demanda contra el Estado chileno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Quiere que reviertan su sentencia y que de paso lo indemnicen por el daño causado. Para él, hablar con el uniforme puesto es algo que se debe pensar dos veces.
-Cuando un carabinero habla sobre irregularidades que ocurren en el cuartel entra en funcionamiento una maquinaria que te aplasta. A mí me persiguen hasta hoy. Carabineros me cagó la vida, y todo porque hice observaciones sobre la institución más creíble del país–, reflexiona.

1 comentario:

cata guevara dijo...

los montajes son una realidad en este país, desde los que se hacen en universidades como el peda y la usach despues de las tomas, los montajes de "las maquinas de molotovs" en casa ocupas y cuantos más... y más encima leer en esta entrevista que hasta los mismos pacos le tienen miedo a los montajes que entre ellos se hacen. que mierda de institucion!