20080816

CLAUDIO SPINIAK

“No era el único que hacía estas fiestas en Chile. No seamos hipócritas”.



El caso Spiniak es una de las historias más terribles y confusas de la última década. Un festín de miserias humanas, de exageraciones monstruosas y de metódicas sordideces, que aún reverberan en el recuerdo de los chilenos y que acaba de concluir con la condena de su protagonista a 12 años de cárcel por abuso sexual contra cinco menores, entre otros delitos. Finalizó así, sin mucha bulla, un escándalo que prometía tener todos los ingredientes necesarios de un thriller. Durante cuatro años Ana María Sanhueza y Pablo Vergara, editores de The Clinic, investigaron esta historia para escribir un libro que explicara sus verdades. El libro se titula “Spiniak y los demonios de la Plaza de Armas” y pronto estará a la venta. Aquí les presentamos un extracto de una entrevista realizada a Spiniak en marzo de 2007 en la Cárcel de Alta Seguridad.

Por Ana María Sanhueza y Pablo Vergara



La casa de los Spiniak en Providencia era un hogar severo, de gente rica sin ostentaciones. Aunque desde afuera pudieran verse muy unidos, la verdad es que entre ellos había un espacio profundo. Una brecha creada por el propio Miguel Spiniak, que en los años cincuenta debió operarse en Estados Unidos de una estenosis mitral reumática. Aunque la intervención fue un éxito, desde entonces el patriarca no fue el mismo. Se ensimismó y se obsesionó con la idea de la muerte. Tanto, que tomó una rara decisión: asumió una relación fría con sus hijos, aunque mantuviera la exigencia en los estudios. Miguel Spiniak no quería que su familia se encariñara con él como para extrañarlo a la hora de su muerte. Él tampoco quería acostumbrarse a su cariño. Fanny Vilensky, la madre, debió llenar ese vacío. (...) En el Grange School fue donde Claudio Spiniak vivió su primera gran humillación: Ocurrió en 1962, cuando estaba en segundo de humanidades y una discusión con otro compañero terminó en un desafío: encontrarse en las canchas para dirimir a combos la disputa. Spiniak, esa vez, se llevó la peor parte, frente a la mirada de sus compañeros de curso. No sólo le dieron una paliza; su rival además lo orinó cuando estaba en el suelo.
(...) En 1979, tras separarse de Verónica Berkovic, Spiniak se hizo cliente frecuente de “Fernando Relax”, un prostíbulo donde atendían hombres mayores. No le interesaban los afeminados: prefería a tipos con personalidad, activos. Fue allí que se encontró con Héctor Torres Albornoz, conocido en el ambiente como Matías. Él lo atendía con mucha fuerza. Lo humillaba, lo trataba de “gusano”.
Pero faltaba más. En 1990, Spiniak viajó a Estados Unidos. En San Francisco, California, compró una revista de sexo. Le llamó la atención un aviso: “Te arrepentirás de haber nacido, pero querrás volver. Si te interesa, llama”. Era el anuncio de un “dominatrix sádico”.
Spiniak fue. Le pegaron. Lo azotaron. Lo amarraron. Le apretaron los testículos con una prensa. Le gustó.
A su regreso a Santiago intensificó sus visitas al circuito homosexual del centro. Fue cliente de los principales saunas que rodean las ocho manzanas del poder. Conoció locales en que se arrendaban piezas para tener sexo y en las que además podía mirar, por ranuras secretas, a sus vecinos. Fue a privados en los que podía entrar con varias parejas y realizar orgías. No se fijaba en gastos tampoco. Su familia acababa de vender Frigoríficos San Miguel (Frigosam) en 50 millones de dólares, y a él le habían tocado más de 10, que metió al banco para vivir de los 15 millones de pesos mensuales que le reportaban los intereses. Tenía recursos prácticamente ilimitados a su disposición. Se hizo de un Audi, un refugio en La Parva, y en los momentos de lucidez que le dejaba la droga empezó a soñar con construir el mejor gimnasio de Chile, y para eso decidió invertir siete millones de dólares comprando los aislantes en Alemania, las maderas en Japón y las mejores máquinas desde Estados Unidos y Europa.
Para cuando el Go Fitness estuvo listo a un costado de Avenida Kennedy, el 21 de agosto de 1999, la vida de Spiniak estaba por el suelo. Sus niveles de consumo de cocaína -que llegaron a oscilar entre los 5 y 10 gramos diarios- lo tenían prácticamente loco, viviendo entre proxenetas y orgías.
(...) En la Cárcel de Alta Seguridad, Spiniak habla lento. No es que no recuerde cosas. Le cuesta hablar por los medicamentos que está tomando. Para hacer más diligente la entrevista, pide cuestionarios. Responde las preguntas con redacción meticulosa. Con la misma que habla. El Spiniak escrito casi no varía del que uno escucha.

Un tema recurrente en él son las drogas. Siempre habla de ellas.
-Me inicié en las drogas a través de la marihuana, cuando tenía 18 años. Pertenecí a la época de la “revolución de las flores”. Era todo un signo de nuestra generación. La probé, pero la consumía en forma muy ocasional. Mi consumo era de cocaína principalmente, y desgraciadamente mi situación económica me lo facilitaba. No intento justificarme, pero el consumo de drogas, sean cuáles sean, tiene una complejidad social de la cual no escapé -dice.

¿Cuándo se le fue de las manos este tema?
-Cuando vendemos Frigosam y me encuentro sin responsabilidades, lo que implicó además contar con una suma de dinero infinita para llenar mi tiempo vacío de actividades a las cuales estaba acostumbrado. El consumo, de ser ocasional, pasó a ser de todos los días. Se cruzó con una crisis personal muy profunda. Llegué a consumir entre 5 y 10 gramos diarios.

¿Cuándo se desboca esto?
-Se va produciendo un cambio en mis amistades, voy reemplazando mis relaciones sociales por relaciones del ámbito de la prostitución. Me fui introduciendo en un ambiente muy ajeno a lo que era mi vida. Y rápidamente se corrió la voz de que tenía grandes cantidades de dinero para gastar. Para ese mundo, que ya existía, yo era un buen cliente. Insisto en que ya existía, pues al leer la prensa cualquiera puede pensar que este mundo nació con mi participación. El cuartel general de los prostitutos se encuentra en la Plaza de Armas. Ahí yo era ampliamente conocido. Esto hizo que algunos menores intentaran participar mintiendo en su edad, y yo los despachaba fuera de la casa cuando descubría que estaban mintiendo.

¿Cómo afectó esto sus prácticas sexuales?
-En este ambiente pude experimentar con mi sexualidad libremente. Indiscutiblemente no me di cuenta que el tema era más profundo y que la solución no estaba en las drogas ni en la decadencia. Hoy tengo clara conciencia de que era un problema de la siquiatría. Las reglas del juego eran que entre seres adultos, con el consentimiento mutuo, todo es normal; argumento que me permitía convivir con mi problema. Pero no era la solución. Posiblemente liberé mi sexualidad en forma incorrecta e insana, pero tampoco puedo dejar de lado que mi generación fue bastante reprimida sexualmente. Pero nada justifica lo que hice, y transformé mi sexualidad en una anormalidad infinita. Nada era suficiente.

¿Cuándo diría que está el cambio en esas relaciones sexuales?
-En San Francisco, California. De ahí en adelante busco prostitutos y prostitutas que me castiguen y me humillen. ¿Se da cuenta de que las claves de este gran derrumbe estaban encubiertas, ya en mi personalidad, y como no tuve la visión suficiente para ir donde un psiquiatra, tomé el camino equivocado?

Para usted, ¿buena parte de lo que ocurrió fue por efectos de la droga?
-Hoy tengo clara conciencia de hasta qué punto perdí el camino correcto dentro de los parámetros morales y éticos de la sociedad. Fui un sobresaliente alumno de la Escuela de Economía de la UC, un excelente empresario, destacado deportista en la práctica de diversas disciplinas como esquí, rugby, velerismo y karate, en que soy cinturón negro segundo Dan... Esos resultados no se logran sin tener una gran disciplina interior. Todas esas actividades fueron reemplazadas por la cocaína. Pasaba tres a cinco días sin dormir, y cuando lo hacía no eran más de tres horas. Aspirando coca y combinándolo con un mínimo de media botella de vodka. Así, sin darme cuenta, el camino al abismo se abrió a mis pies.

¿Cómo llegó a ser amigo de los proxenetas?

-Jamás existió esa amistad. Era vivir el día a día y ahí yo creo que encontraba satisfacción para calmar mis delirios. De una u otra forma tenía claro que eran pájaros carroñeros. El punto es que ya se había establecido un fuerte vínculo de dependencia: ellos necesitaban mi dinero y yo sus servicios. En silencio, tenía que aceptar pequeños abusos, como ver que muchos objetos de valor de mi casa iban desapareciendo lentamente. Mi condición de drogadicto permanente me quitó las fuerzas necesarias para detener este espiral autodestructivo.

¿Cómo fue su detención de septiembre de 2003?
-Un show organizado para la prensa. El día previo había concurrido al juzgado a firmar. Mis abogados le habían manifestado días antes a la señora jueza mi disposición a presentarme voluntariamente en cualquier momento si me necesitaban. Nada justificaba el gran despliegue de Fuerzas Especiales y a las 2 AM con la prensa esperando. Aquí es cuando yo insisto que se pretendía utilizar mis conductas impropias, pero propias de un enfermo, con otros fines. No puedo entender quién logra darle tal grado de certeza a la ex diputada Pía Guzmán, como para que ella vaya a la casa del presidente del Senado en la noche, y luego haga la denuncia pública involucrando a tres senadores de la República. Qué argumentos, pruebas, recibió la ex diputada que le permitieron lanzar un misil contra el Poder Legislativo, causándole un severo daño a las instituciones del país, es algo que no puedo explicar. Cero responsabilidad en su denuncia, o bien una abierta manipulación de terceros, pero aquí hay un vacío sin respuesta.

Ha dicho que no sabía que era delito lo que pasaba. Pero consta en el expediente que algunas veces se chequeaba que no hubiese menores de edad en su casa. ¿Quién decidía esas precauciones? ¿Por qué?
-Lógico, yo tenía claro que no era delito tratándose de mayores de edad. Si tenía dudas con una persona les pedía la cédula de identidad, hablaba con ellos y cuando eran menores los mandaba de vuelta. Hoy tengo plena conciencia de mi grado de descomposición pero curiosamente siempre fui muy atento a caer en figuras delictivas. Además le puedo decir que no era el único que realizaba estas fiestas en Chile. NO seamos hipócritas.

¿Cuál es la peor mentira que se ha dicho de Spiniak?
-Existieron muchas. Y hasta hoy me pregunto quién estaba detrás de ellas. Por ejemplo, la participación de políticos. Pero moralmente la peor mentira que se dijo fue lo relacionado con la tortura y asesinato de una niña chica de nombre Margarita. También me afectó el que se me tratara en los medios de “pedófilo”, por lo cual la justicia nunca me procesó, pues nunca existieron niños. Si hubo algún menor, éste representaba ser mayor y tendría un poco menos de 18 años.

¿Cuál fue el peor exceso que recuerda?
-Yo creo que fue mucho más que un exceso. Fui víctima de un cuadro extremadamente complejo en lo autodestructivo, que lo podría enmarcar en lo “inimaginable”. Extenderme más me parece un acto de morbosidad insana y que no ayuda a nada ni a nadie.

¿Por qué se llegaba a esos excesos?
-Estaba mentalmente enfermo, y rodeado por otros enfermos. Hoy es un hecho que me ha costado mucho superar, pero de la misma forma que superé mi adicción a las drogas, creo que seré capaz de enfrentar estos hechos y superarlos. Tengo muy claro que fue algo horrible, pero sería más horrible no superarlo. De hecho, con apoyo psiquiátrico y psicológico, he ido explicándome cada uno de los pasos que di. Puede sonar contradictorio, pero una de mis ambiciones hoy es ayudar a combatir la droga y a los jóvenes en peligro de caer en la delincuencia o prostitución. Tengo claro que encontraré muchos prejuicios en mi contra, pero no me inquieta, cuando uno quiere ayudar tiene muchas maneras de hacerlo.

¿Qué imagen cree que la gente tiene de Ud. más allá de las mentiras que rodearon la investigación de su causa?
-¡La peor! Y en ello existen dos responsables: yo, en primer lugar, por caer en un pozo sin fin, en una abierta inmoralidad; y la prensa en segundo lugar. La morbosidad, el periodismo malsano, no investigativo, logró que “la Corte de la opinión pública” me condenara de inmediato ¡Creo que la opinión pública habría estado feliz de que yo hubiese sido quemado en la Plaza de Armas al mediodía! Habrían resuelto un problema: el mío. Pero el tema hasta el día de hoy sigue en pie, esto es lo importante y la sociedad debe enfrentarlo y resolverlo.

¿Qué le pareció el trabajo del ministro Daniel Calvo?
-Creo que él debió inhabilitarse al ser designado. Pero es más importante en su pregunta referirme a los aspectos éticos y morales que se reflejan aquí. Evidentemente este ministro habría seguido formando parte de “los moralistas”, de los que “pontifican de día y pecan de noche” si no le rompen su frágil techo, que finalmente no lo situaba tan lejos de mis actividades. Lo concreto es que lo moral y ético de su parte debió haber sido presentar su renuncia al Poder Judicial, al igual que la ex diputada. Yo no soy de los que piensa que por ser gay debe ser excluido de la sociedad. Lo que sostengo es que una persona gay no puede ser juez y parte en procesos de tipo sexual. Pierde objetividad e imparcialidad, tan simple como eso. ¿Un juez militar que violó los Derechos Humanos puede llevar causas de Derechos Humanos? Estimo que es imposible.

-¿Cómo se enteró de la existencia de Gemita Bueno?
Fue en el juzgado. Me hacen pasar a una oficina, en donde hay una mujer sentada. La saludo, hasta ese momento pensando que era la secretaria del ministro Calvo. Me contesta algo como “por fin te vuelvo a ver, viejo concha de tu madre”. En ese momento entra el ministro Calvo y me doy cuenta que se estaba querellando contra mí. Ud. podrá concluir que si yo creo que era una funcionaria, es evidente que no la conocía. ¿Pero quién le da la fuerza, el apoyo, para que ella me trate de esa manera, y dar la impresión de que formaba parte de mi círculo íntimo? ¿Quién respalda a estos oscuros personajes en el montaje a implicar políticos? Otro gran tema sin respuesta, cerrado con un cinismo extremo al declarar que “se había pasado por la raja a todo el país durante meses”. Es fácil enlodar en Chile, pero nadie limpia nada en el caso de cometer errores o abiertas calumnias. ¿Cómo fue castigada esta persona por la justicia? Un chiste. (En el careo) Ella dice conocerme y que estuvo ocho meses en mi casa, etc. Lo único novedoso que puedo aportar a esta conocida historia es que sus contradicciones debieron haber desbaratado sus mentiras ese mismo día. No sabía detalles de la casa, como el que las ventanas no tenían protección, y una serie de errores.

De día usted era empresario, directivo de la Cámara de Comercio. Por la noche, protagonista de orgías, ¿Qué tensiones provoca esa doble vida?
-El pánico de ser descubierto, pues era mi vida privada.

¿Alguna vez pensó que no podría manejar esa vida?

-No. Yo sentía que la tenía bajo control, pero no me daba cuenta que el tren tomaba cada día más velocidad.

¿Cómo fue esa etapa de cuando tiene el sueño de construir el gimnasio más moderno de Latinoamérica?
-Muy simple. Refleja mi última capacidad como empresario eficiente. Logré juntar mi pasión por el deporte y mi condición de empresario. Debo confesarle hoy que fue mi gran intento por salir de la droga. ¿Se da cuenta Ud. cómo pesa el factor droga si fue capaz de anularme en todas mis capacidades?

¿Cuál cree que es la mejor etapa de su vida, sus mejores momentos?

-Desde mi infancia hasta que se vendió Frigosam.

¿Y cuál cree usted que son los peores momentos?
-Cuando me traicioné a mí mismo y abandoné mis raíces.

¿Cuándo se da cuenta que tiene que parar?
-Antes de caer preso había una presión familiar muy fuerte para que me internara y siguiera una terapia para dejar la droga, pero yo no quería. Empecé una terapia con el doctor Nahim Bawarshi... Pero ésta no tuvo ningún resultado, pues no le contaba la verdad por ser pariente de mi amigo Jorge Rabié, quien conocía la otra cara de mi vida. Cuando soy detenido la primera vez y en abstinencia forzada, me doy cuenta de que el cambio estaba ad portas e inicié un alejamiento de las drogas. Incluso estando en la ex Penitenciaría me ofrecen drogas, pero las rechacé y opté por entrar al Club de Narcóticos Anónimos. Fue una gran experiencia, y finalmente inicié un tratamiento definitivo con el doctor Juan Ignacio Pinto.

¿Qué pasa en su segunda detención. En los diarios cuentan los detalles de su vida sexual. ¿Cómo se siente?

-Simplemente no me siento, pues al ver mi vida privada expuesta a la opinión pública es un gran golpe. Fue como si hubiesen inventado todo un cuento, me resultaba difícil aceptar el deterioro en el cual había caído. Algo dentro de mí, vinculado a mi formación, me hacía tomar distancia con ese Spiniak que la prensa mostraba.
¿Siente que lo convirtieron en un monstruo? ¿En alguna etapa lo fue? ¿Por qué?
-Me convirtieron en un monstruo, sí. Mis encuentros eran con mayores de edad. Se me acusa de que entre toda la gente que participó, 4 serían menores de 18 años. Pero en realidad el perfil de los prostitutos (as) oscilaba entre los 18 – 30 años, no tenía interés alguno para mí, dada mi sexopatía, involucrarme con menores. Según cifras del Sename (SERNAM, dice) hay más de 3.500 menores ejerciendo la prostitución, no pretendo reducir mi responsabilidad, pero estar drogado y cuerdo es una contradicción vital, creo no haberme equivocado respecto a la edad, pero es posible que por ganar un cierto dinero me mintieran. Es como cuando uno iba al cine a ver películas para mayores de 18 años teniendo 17, pero al cajero se le decía 18 años. No quiero hacer una reflexión sin antes haberla meditado muy bien: en Chile existe una incapacidad absoluta para aceptar la realidad y no ver lo sucio de nuestra sociedad, pero es de conocimiento público que en determinadas rotondas de Américo Vespucio, habitantes de los sectores altos, ABC1, van a buscar menores para liberar sus perversidades sexuales. La sociedad no tiene estructuras del punto de vista de la salud pública para dar solución, sanación, a este caso, a estas patologías. Si no fuera así, ¿cómo explicarnos las redes internacionales de prostitución infantil? Está claramente establecido en mi proceso que yo no me involucré con menores, estoy dando un ejemplo sobre algo que es un secreto a voces.

¿Cómo empieza a pensarse a sí mismo en esta etapa?

-Fue una etapa en blanco, donde no tuve opinión ni sensación alguna de lo que sucedía. Además, el alejarme de las drogas ya requería un gran esfuerzo. Todo esto tiene que entenderse en medio de una fuerte depresión.

¿Cómo se definiría usted? Una vez dijo en el tribunal que todo lo hizo porque se sentía solo.

-La peor de las soledades: la que se vive en compañía.

¿Cómo era esa soledad?
-La soledad del hombre que había realizado todas sus metas pero que no había logrado consolidar un hogar, una familia. Entre la soledad y la depresión encubierta se abrieron los despeñaderos de mi vida. El problema es no darse cuenta de cómo entras en la selva fagocitante, donde de a poco el carrete va a aumentando en personas, en actos, desafíos a despertar tus más profundas perversidades.... Créame que el dinero y las fiestas pueden ser dolorosamente solitarias.... No pretendo hacerme la víctima pues no es el caso, soy responsable de mis actos. Pero a veces estaba solo y drogado esperando que se iniciara el carrete, más surrealista aún: jugando ajedrez por Internet.

¿Cómo se siente hoy? ¿Qué piensa?
-Asumo abiertamente haber estado muy enfermo, haber sido el “festín” de la prensa, una pieza a la cual se le trató de utilizar con fines políticos, un despreciable ser de nuestra sociedad. Pero todo esto para mí es el pasado. Siento que el arrepentimiento solo se muestra con un cambio de actitud, de sentido de vida muy profundo y yo estoy en ese proceso. Es un renacer lo que vivo hoy día, con muchos desgarros y dolores. El fenómeno vertiginoso de caer en la droga, el delirio sexual, desarrollar todas las patologías de un sexópata, es rápido y fácil pues la droga ayuda a ello. Estar sano, cuerdo, sin drogas, sin sexo, privado de libertad y subir a la superficie es lo difícil, es lo que hago ahora y estoy contento por los resultados, pues siento que lo logrado es consistente y definitivo.

¿Ha llorado últimamente?
-Sí, efectivamente, he llorado bastante. Forma parte de mi sanación. El llanto refleja el dolor que siento al ver cómo perdí tanta autoestima. Siento que el llorar limpia el alma.

¿Cómo piensa su vida hoy?
-No me la puedo imaginar sin recuperar mis fortalezas como persona. Es decir, soy y estoy más interesado que nadie en recuperar mi pasado de normalidad, de trabajo, de ser capaz de emprender grandes desafíos como los que llevé adelante cuando era empresario. De hecho, y lo tengo claro, sé que muchas personas me harán el vacío, pero créame que todo lo vivido da una gran fuerza interior para superar diferentes obstáculos. Es más: me siento apasionadamente inquieto por demostrarme a mí mismo y a mi familia que fui capaz de hacer un gran cambio. Me inquieta socialmente desde lo positivo todo lo que viví. En otras palabras, siento una inquietud fuerte por aquellas familias que tienen problemas con las drogas, es un gran flagelo en el cual todos debemos luchar para derrotarlo, y le puedo asegurar que es posible. Lo que no podemos aceptar es ver a nuestra juventud arruinándose la vida por las drogas, asesinando por 15 mil pesos para comprar pasta base. En mí existe un fuerte compromiso moral con la sociedad al respecto, tengo plena certeza que si en un momento personifiqué la perversidad misma, hoy puedo dar lo mejor para luchar contra la droga. Se equivocan aquellas personas que creen que voy a reincidir. No cometí ningún delito, todo lo viví privadamente; posiblemente sin querer cometí un ilícito, al recibir en mi casa a un menor de edad que aparentaba tener 18 años, pero mi deuda es moral con la sociedad pues vulneré sus principios fundamentales. Tengo claro que no me dejaré sepultar por mis errores del pasado, por el contrario: mi inclinación es a convertir esta derrota moral en una gran victoria humana.






Ana María Sanhueza Contador (1971) estudió en la Universidad de Artes y Ciencias de la Comunicación y ha trabajado en los diarios La Nación, La Hora y La Tercera, donde cubrió el sector judicial, además de la revista Siete Más Siete. En 2004, fue finalista del Premio de Excelencia de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado y en 2006, becada en el Taller de Crónica con Alma Guillermo de la Fundación Nuevo Periodismo de Colombia. Es editora del semanario The Clinic y profesora de Taller de Periodismo y Taller de Reporteo y Producción de Noticias de la Universidad Diego Portales.


Pablo Vergara Espinoza (1973) estudió en la Universidad de Chile y ha trabajado en los diarios El Mercurio, La Hora, El Metropolitano y La Tercera, además de la revista Siete Más Siete. En 2007, fue ganador del Premio de Excelencia de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Actualmente es editor del semanario The Clinic y profesor de Periodismo de Investigación en la Universidad Diego Portales.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Animo, Spiniak. Un viaje de mil días comienza con un solo paso. Sitaram.

Anónimo dijo...

SIGO PENSANDO QUE HAY POLITICOS QUE ZAFARON, HAY ALGO QUE ME DA VUELTA,PIÑERA DIJO EN CAMARA PIA GUZMAN NO HA MENTIDO QUE SIGNIFICA ESO?

Anónimo dijo...

En un párrafo Spiniak dice: "mi amigo Jorge Rabié conocía la otra cara de mi vida".
En el libro cuando se mencionan al comienzo los amigos NO PUSIERON A JORGE RABIE, ¿por qué?
cuando a confesion de parte, relevo de pruebas.

Jorge Rabié era además socio de Spiniak, amigo de años y quien sabe qué mas sabe de la otra cara de la vida....

Anónimo dijo...

No hay caso con los chilenos, ahora eligen senador a un tipo que estuvo metido hasta el cogote con Spiniak y con Jorge Rabié.
Lo unico a falta es que Spiniak se presente a presidente y salga.
El otro, el Rabié, ese no puede presentarse a nada porque vive en otro planeta

Anónimo dijo...

en verdad gemita bueno todo lo que dijo era cierto y que si dijo que todo era mentira era solo para no irse a la carcel, cerrar el tema y porque si seguia hablando estaba dispuesta a que le sucediera algo ya que era su palabra en contra con la de un millonario

Felipe dijo...

Realmente Spiniak fue una víctima de la prensa y de la moralina estúpida que hay en Chile, en todos los sectores políticos, que se refleja en leyes "victorianas". La prostitución de menores de edad es algo muy común y es imposible erradicarla.

Anónimo dijo...

Quisieron vender el té Club a Unilever.

Unknown dijo...

Yo trabaje muchos años en te Club una gran Empresa,cuando estaba a cargo de los Spiniack,nunca se vio algo que diera que hablar,era excelentes Patrones

Que pena lo de Claudio


Q

Unknown dijo...

Yo trabaje muchos años en te Club una gran Empresa,cuando estaba a cargo de los Spiniack,nunca se vio algo que diera que hablar,era excelentes Patrones

Que pena lo de Claudio


Q

Anónimo dijo...

Me gustaría dar mi testimonio, yo era hijo del peter, conocí personalmente a claudio a mis cortos 7 años con mis hermanas menores, y nunca pero nunca abusó o por lo menos ví que abusara de un niño, puedo decir también que el juez calvo manipuló y armó una historia que para desgracia de notsotros, terminamos en seneme sin padre ni madre, cabe señalar que cometieon errores, pero hacernos mentir para encerrar a medio mundo no es excusa, nos utilizó, teniendo menosde 10 años

HPTQ

gwenen dijo...

La vida privada debe ser respetada ..La vida pública es otra cosa...Tribunales finalmente liberaron a Spiniak de delitos sexuales contra menores y penalizaron a los proveedores de personas para actos sexuales.The Clinic debe ser más riguroso en la ETICA y dar testimonios para limpiar de delitos a inocentes.