20080430

APOSTASÍA APOTEÓSICA



Reflexiones sobre la píldora y la responsabilidad de la Iglesia



Por Malú Sierra


Nadie se hubiera imaginado apenas hace un año que en Chile, un luminoso 29 de abril, cientos de personas se iban a reunir en la puerta del arzobispado de Santiago, y en los obispados de regiones, para apostatar. Ni la palabra es bien conocida; la confunden con la excomunión, que significa quedar fuera de la Iglesia sin el consentimiento del excomulgado. Aquí se trata del rechazo total a la Iglesia Católica. El abandono de la fe por parte de los bautizados. ¡Anatema!, desde siempre. El peor pecado contra la religión. Durante la “santa inquisición” los apóstatas —tal como los herejes— eran quemados en la hoguera, en la plaza del pueblo. Especialmente las mujeres, esas que conocían los secretos de los remedios para liberarse de embarazos no deseados. Y durante algunas épocas se castigaba con penas civiles, como confiscar los bienes o la incapacidad de hacer testamento. Sólo a partir del Concilio Vaticano II se reconoce la libertad religiosa y en países como España han tenido que abrir oficinas especiales para atender al gran número de personas que quieren dejar de ser católicos de una vez por todas.



Lo que produjo este fenómeno, por primera vez en Chile, fue el rechazo de la píldora del día después y todo el rollo de la iglesia católica con el sexo. Las organizadoras, el Colectivo de Mujeres Públicas, son un grupo de jóvenes que lo formaron con sus amigas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Luego se sumaron estudiantes de la Usach y también de la Universidad Católica. La Internet hace milagros y rápidamente el Colectivo alcanzó a mujeres de todos los ámbitos sociales y de todas las edades. En una semana, después del dictamen de la Contraloría a solicitud de más de treinta parlamentarios de la UDI, organizaron un acto apoteósico donde todo fue fiesta. Es que los jóvenes de hoy no admiten que—como ellos dicen—los curas se metan en su cama.

Valentina Alvarez, Patricia Zamora, Antonella Caiozzi, Patricia Varela, Lorena Echeverría y otras, se repartían el trabajo. Hubo que agregar otra caja para recibir las cartas de apostasía, la cola era eterna pero todo era alegría. Se habían sacado un peso de encima. Los afiches decían de todo: “¿Sexo sólo para procrear? Ni cagando”. “No a la dictadura moral”. “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. Y todos coreando.

Cuando llegaron los alumnos de teatro de la Chile y coparon la calle, llegaron también los carabineros. Venían disfrazados de la virgen María (que era un hombre) con una muñeca en brazos, de San José blandiendo una enorme verga y varios de sacerdotes con sotanas negras. El canto de guerra era a dúo: las mujeres decían “Nosotras parimos, nosotras exigimos” y los hombres replicaban, “Nosotros culiamos, nosotros apoyamos”. Los carabineros, que no entendían mucho (aunque uno me aseguró que la píldora del día después era abortiva: bien entrenado), hicieron que se despejara la calle. Había que apurarse porque el arzobispado cerraba a las dos de la tarde. Cinco minutos después las organizadoras tocaron el timbre. Podían entrar cuatro, pero yo quería ver el final y me colé. Las canas ayudan mucho.

Adentro, una secretaria pálida y con cara de sufrimiento recibió a la comitiva. Por supuesto el monseñor no podía recibirnos. Son órdenes, atinó a decir. Y luego, a petición de las dirigentas del Colectivo, empezó a poner un timbre a cada uno de los sobres. Me fui cuando recién iba en el número ciento cincuenta.

No debería ofenderse la iglesia católica; apostatar es un derecho humano. Pero tendrá que hacer una reflexión sobre si realmente es “la” religión del país y que por ello puede presionar para imponer su moral y sus costumbres a la mayoría de la población, sea o no sea católica. Pasaron esos tiempos.

2 comentarios:

Ana María dijo...

la verdad, yo tuve un embarazo no deseado, y no estoy de acuerdo con el aborto, pero pienso que es elección de cada mujer según lo que le dicte su conciencia y su corazón el si va a tener o no un hijo, aqui nadie se ha puesto en la pocisión de quien "NO" esta embarazada pero teme quedarlo, porque...pueden haber mil razones del porque no quiere, el punto es...yo quedé embarazada y lo asumí a pesar de todo lo mal que lo pasé, porque el padre de mi hijo me dejó, estaba en otra ciudad sola, sin nadie de mi familia, con depresión y tratando de sobrevivir a un millon de sucesos que te sobrevienen luego, como quedar sin pega, la angustia de cómo contarlo, como salir del paso, afrontar las amenazas que te pueda hacer tu ex y así un millón de situaciones, si hubiese sido una adolecente creo que la pude pasar mejor, pero hay algo...yo estaba tomando pastillas!! por eso no creo en la opinión de la iglesia, ni de la derecha en cuanto a la píldora, y pienso que todo este movimiento por la vida que tienen es sólo para darles algo que hacer a los cabros de las parroquias que ya están aburridos de ir a los partidos de rugby, o polo o juntar comida para los pobres.
La vida es más que eso, no es dar para recibir, es enseñar para sobrevivir.

Gabriel dijo...

yo tengo ganas de apostatar de hace bastante tiempo, por una cosa personal de que no creo que en la iglesia, mas por odio o lo que sea, lei por ahi que uno tenia que ir al lugar donde se bautizo y no se que, pero segun lo que leo aqui fueron al arzobispado de stgo, basta con eso?, yo soy bautizado en concepcion por eso es mi duda, y vivo en stgo eso si